Hace escasamente 15 días, Obama consiguió aprobar la histórica reforma sanitaria que con tanto ahinco ha perseguido desde que alcanzó la Presidencia de los Estados Unidos. Se trata, sin duda, de un cambio revolucionario en el sistema estadounidense, y la gran victoria de Obama en lo que llevamos de mandato, al ver por fin aprobada la que fue su gran promesa electoral.
Pero Obama no sólo ha conseguido aprobar la reforma sanitaria; su modelo de cambio se ha visto reflejado en muchas otras medidas de política interior.
Transcribo el artículo que José María Pernas, Director del Comité de Estudios del Club Inside, ha publicado en The Insider del mes de marzo sobre la política interior de Obama.
CHANGE IS COMING (II): EL PRIMER AÑO DE OBAMA EN POLÍTICA INTERIOR
En mi anterior artículo sobre el primer año de Barack Obama hablaba acerca de los logros en política exterior que el nuevo presidente de los Estados Unidos ha conseguido, así como también de algunos de sus errores. Si bien es cierto que la política exterior es un campo donde los poderes presidenciales son más ejecutivos, en las materias de política “doméstica” estadounidense el Presidente está más sujeto al control y paralización de sus medidas por las cámaras legislativas (Cámara de Representantes y Senado).
Este control del legislativo al ejecutivo, por lo demás, muy saludable en términos de garantías democráticas, ha propiciado una progresiva obstaculización de las reformas de la Administración Obama en diversos campos. Pero por encima de estos obstáculos, y a pesar de que los mismos han restado brillo mediático a labor de Obama en política interior, lo que destaca es la actitud de responsabilidad del nuevo presidente de cara a las reformas. Me explico, el Gobierno de Obama bien pudiera haber aprobado la reforma sanitaria o tantas otras a través del método de tramitación urgente que el Presidente puede declarar, evitando así el filibusterismo de los republicanos en el Senado. Sin embargo, prefirió esperar, elaborar una propuesta de consenso entre demócratas y republicanos, de forma que dicha reforma fuera pergeñada por ambos lados del espectro político del país.
A continuación, me referiré a reformas realizadas en varios campos, que han supuesto, sino un vuelco de la situación, una forma distinta de hacer las cosas en Washington.
La salida de la crisis económica
En relación a la crisis económica, Obama ha tenido, en primer lugar, la inteligencia de contar con un reputado secretario del Tesoro, Timothy Geithner, antiguo presidente de la Reserva Federal de Nueva York, y con los consejos de Paul Vockler, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos en los años ochenta.
Por otro lado, y ante el creciente descontento popular por los beneficios obtenidos por los bancos tras los rescates financieros y las ayudas del Gobierno a través de la compra de sus activos más tóxicos, la Administración Obama va a realizar una serie de reformas para regular mejor los instrumentos financieras y controlar a las entidades bancarias en esta materia. Ello lanza un mensaje de que el rescate de un banco no es gratis, y que lo que el Estado presta debe ser devuelto a través de un ejercicio responsabilidad por las entidades financieras.
Éste es un punto en el que la Administración Obama puede conseguir al menos un éxito propagandístico, si bien es cierto que la reforma será mucho menos ambiciosa que lo que propone el ‘ala izquierda’ demócrata, lo que puede abrir otra brecha entre Obama y sus seguidores más proclives a las intervenciones públicas. Obama, con el apoyo entusiasta del Congreso, ha pretendido no defraudar a la clase media y baja cuando aprobó un impuesto especial para gran parte de las entidades financieras que han recibido ayudas públicas.
No parece, sin embargo, que ni el presidente ni el Legislativo vayan a cerrar los “agujeros” en el sistema regulatorio de EEUU ni a reducir la “sopa de letras” de agencias regulatorias, que en la práctica no hacen más que superponer sus funciones sin ser capaces de regular verdaderamente los riesgos del sistema. Es lo que está pasando con el corazón de la propuesta de Obama: la creación de una agencia independiente que proteja al consumidor de abusos en productos financieros como hipotecas y tarjetas de crédito. La Cámara de Representantes le dio su bendición antes de la Navidad, pero en el Senado la cosa es muy diferente y todo apunta a que el concepto original quedará muy tocado.
Otro pilar de la propuesta original de Obama pasaba por reforzar el papel de la Reserva Federal en la supervisión de los riesgos. Pero tanto demócratas como republicanos son muy críticos con el trabajo del banco central previo a la crisis y reprochan a sus dirigentes no haber prevenido el estallido de la burbuja hipotecaria.
El tercer elemento en el aire se refiere a la idea lanzada por Obama de prohibir que los bancos especulen con fondos de los depósitos garantizados de sus clientes. Sin embargo, en lugar de obligar por ley a las entidades bancarias a abandonar sus negocios en los mercados de capitales como quiere Obama, el Senado quiere que sean los reguladores los que restrinjan determinadas actividades caso por caso.
El presidente de la Reserva Federal, Bern Bernanke opinó que la medida sería difícil de aplicar y tendría consecuencias no deseadas. Las claves para evitar los problemas vistos durante la crisis, dijo el presidente de la autoridad monetaria, son fortalecer la disciplina de mercado, forzar a los bancos a ampliar su colchón de capital y someter las actividades de riesgo a un mayor control. Según los analistas, cuando se analiza como quedarán las otras partes del sistema regulador, la propuesta parece quedarse corta. Todo apunta a que ésta se quedará en un traspaso de poderes, con la Reserva Federal vigilando a las grandes instituciones y cediendo al departamento del Tesoro y el Fondo de Garantía de Depósitos algunas funciones.
Todo ello es sin duda descorazonador, pero muestra al mismo tiempo que las reformas que la Administración Obama está emprendiendo hacen daño a muchos grupos de interés. Como dice el premio nobel de Economía de 2008 Paul Kraugman (El País, 07-03-2010) “En resumen, por tanto, es hora de decir “hasta aquí hemos llegado”. Es mejor que no haya reforma, y que ello vaya unido a una campaña para nombrar y avergonzar a los culpables, que una reforma cosmética que simplemente encubra la falta de actuación”. La democracia hace que dichos grupos de interés sean influyentes y como Estados Unidos no es un país que dependa solo del presidente las reformas llevan su tiempo. Pero Obama en ningún momento ha dejado de lado sus convicciones para agradar a las cámaras o para sacar un titular de televisión.
En todo caso, y aunque muchas reformas como la de la transparencia en las retribuciones de consejeros o la regulación de derivados e instrumentos de riesgo se encuentra aún en estudio, la Administración Obama sí ha conseguido estabilizar la tasa de desempleo, incluso ha descendido en las últimas fechas. El crecimiento económico estadounidense ha vuelto a resurgir con fuerza y los consumidores muestran signos de confianza con el crecimiento del consumo. Por lo menos, la estabilidad ha vuelto a “main street” tras las irresponsabilidades de “Wall Street”, y ello, en parte, se debe a la política económica que el gobierno de Obama ha venido desarrollando hasta el momento.
La reforma sanitaria
Este es uno de los proyectos históricos que ha emprendido la nueva Administración. Como se sabe, en los Estados Unidos, más de 40 millones de personas carecen de cobertura médica al no tener seguros de salud, pues el país norteamericano carece de un sistema de cobertura universal. Los empresarios garantizan la cobertura de la mayoría de los estadounidenses mientras que otra parte de la población elige aseguradoras privadas. Los términos de casi todos los planes de salud incluyen el pago periódico de cuotas, pero a veces se exige el adelanto de cierta cantidad del coste del tratamiento, cuyo importe depende del tipo de plan concertado. El Gobierno ofrece cobertura sanitaria sólo a partir de los 65 años, que es cuando los ciudadanos pueden acceder al programa Medicare, gestionado por el Estado. De la misma manera, Medicaid se hace cargo de familias con sueldos modestos, niños, mujeres embarazadas y personas con discapacidades.
Por ello, ante esta ausencia de cobertura universal sanitaria, el presidente ha formulado tres principios que cualquier borrador de reforma sanitaria debe cumplir para poder contar con su apoyo: la reducción de los costes, la garantía de que todos los estadounidenses podrán escoger su propio plan de sanidad, incluido un plan público, y la calidad y la accesibilidad del sistema. Desde las distintas comisiones en el Senado y en la Cámara de Representantes ya han salido propuestas. La primera se decanta por un sistema de seguro obligatorio en el cual el Estado apoyaría con subvenciones a las personas necesitadas. La sanidad pública sólo estaría abierta a los que no tienen cobertura a través de un empleador. Otras dos rechazan la opción pública y prefieren una solución mixta de aseguradoras privadas y cooperativas médicas sin ánimo de lucro. En todo caso, en la negociación entre la Casa Blanca y el Congreso se ha avanzado ya en cosas como que se mantendrá la libertad de elegir seguro, los que estén satisfechos con su plan actual podrán conservarlo, las empresas están obligadas a proveer un seguro a sus empleados, el aumento de los impuestos sólo afectará a los hogares que ingresen más de un millón de dólares al año y no va a haber aumento del déficit nacional.
Como es sabido, un escaño del Senado en Massachusetts que había pertenecido a la familia demócrata Kennedy -primero a John y después a Robert- desde 1952, pasó a manos republicanas. No es sólo un fracaso simbólico. Con esa derrota, los demócratas pierden la posibilidad de evitar que los republicanos ejerzan una minoría de bloqueo. Toda la agenda de Obama-su reforma sanitaria, la creación de un mercado de emisiones de CO2 y la reforma financiera- será más difícil de llevar a la práctica debido a las prácticas dilatorias que la minoría de bloqueo republicana en el Senado puede poner en práctica
Obama presentó la semana pasada su propuesta ampliada para la reforma del sistema de salud, que incluye algunas iniciativas de la oposición republicana. Pese a ello, no ha conseguido reducir la oposición a la medida entre los republicanos, que consideran, entre otras cosas, que la reforma, tal y como está concebida, representará un gasto excesivo. Los republicanos demandan que se abandone la medida tal y como está planteada y se comience a negociar desde el principio.
A la resistencia republicana se suma la de algunos demócratas, tanto del ala moderada -preocupada por el efecto de la medida en el déficit fiscal del país- como entre los más liberales, que creen que no va lo suficientemente lejos. Obama asegura que la reforma sanitaria contribuirá a reducir a largo plazo el déficit fiscal. Se está a la espera de una propuesta conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado que produzca un texto de reforma, si bien no tan ambicioso en cuanto al sistema público de salud como en un primer momento, sí que garantiza la cobertura sanitaria a quien actualmente carece de ella.
A pesar de que la reforma no será la que salió de la Casa Blanca, Obama ha conseguido que un país tan dependiente de los seguros médicos privados como EE.UU. se cuestione su propio sistema, y lo más importante, va a conseguir que el Congreso de su país garantice que, de una forma u otra, ningún estadounidense se quede sin cobertura médica.
Reforma energética e infraestructuras
El 19 de abril de 2009, el jefe de gabinete y ‘mano derecha’ de Obama Rahm Emanuel, dijo: “Sé que esto va a pasar: a final de año habrá una ley de energía en la mesa del presidente”. A día de hoy, ni siquiera hay un borrador. El objetivo declarado de Obama es crear un mercado financiero en el que las empresas puedan comprar y vender permisos, emitidos por el Gobierno, para emitir gases que provocan el ‘efecto invernadero’ y, así, favorecer el desarrollo de energías renovables, un área en la que la Administración de EEUU está muy interesada en la experiencia de España.
Ése es el objetivo. Por un lado, los republicanos son como una especie de muro ante cualquier intento de limitar esas emisiones. Por otro, una serie de demócratas de Estados petroleros y carboneros (el 50% de la energía eléctrica de EEUU procede de térmicas de carbón, en general bastante antiguas y poco eficientes) también se oponen. Ahora, todas esas peleas apenas tienen sentido. Tras la derrota demócrata de Massachusetts, el mercado de emisiones es difícil que vea la luz este año. Ningún senador va a arriesgar su reelección por el ‘efecto invernadero’.
En el mismo sentido, la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático no supuso el avance esperado, pues no se concretaron compromisos concretos entre las grandes potencias. Sin duda China, Rusia y Estados Unidos querían un acuerdo pero bajo unos márgenes demasiado estrechos provocados por la crisis económica.
Lo que sí ha desarrollado Obama con eficacia ha sido la promoción de las energías renovables y la eficiencia energética en escuelas, hospitales, empresas, edificios gubernamentales, a través de subvenciones y fondos públicos para financiar la construcción, por ejemplo, de parques eólicos.
Asimismo, la inversión pública en infraestructuras, al igual que en la época del “new deal”, ha supuesto un fuerte impulso en cuanto a la creación de empleo y a la renovación de las anticuadas vías férreas y puentes de las principales carreteras de EE.UU. Destaca por encima de todo los grandes corredores de alta velocidad que el gobierno federal pretende desarrollar para reducir la dependencia del petróleo y descongestionar las autopistas.
Reforma educativa
Tras el difícil asunto de la reforma sanitaria, que por lo menos está encauzado para que se produzca la votación conjunta entre Congreso y Senado, la Administración Obama está abordando en estos días la reforma educativa.
Al contrario de lo que cabía esperar, dicha reforma no va a ser un cambio radical frente al plan llamado “Que no quede ningún niño rezagado” promovido durante la pasada administración del presidente George W. Bush. No se trata por tanto de desacreditar la labor del gobierno anterior sino de buscar una reforma educativa eficiente y de consenso. En este sentido la Administración Obama no lleva a cabo reformas con el oculto interés de ganar adeptos en las encuestas, al estilo de otros gobernantes, sino conseguir un proyecto consensuado que perdure para varias generaciones. Algo parecido, lo que es de alabar, esta intentando realizar el ministro de educación español, Ángel Gabilondo, frente a otros compañeros de su partido y de partidos de la oposición que usan la educación con fines partidistas.
Volviendo a Estados Unidos, Barack Obama ha anunciado que el lunes 15 de marzo presentará al Congreso un plan para mejorar el nivel educativo de los estadounidenses y recuperar el terreno perdido ante el avance de otros países. El proyecto constituye una reestructuración del referido plan “Que no quede ningún niño rezagado” Cabe recordar que en las últimas décadas Estados Unidos ha perdido terreno y los niños de 15 años están lejos de la cima en ciencias y matemáticas cuando se les compara con los jóvenes de otros países. Bajo el liderazgo de la secretaria de Educación, Arne Duncan, su gobierno ya ha puesto en marcha un plan mediante el cual los estados compiten por fondos federales a través de la reforma y la elevación de las normas de calidad educativa. Eso significa recompensar a los maestros por sus resultados y hacer hincapié en materias cruciales como la ciencia y las matemáticas.
Según las pautas del plan, los colegios que logren una excelencia en sus niveles serán recompensados y se alentará a los distritos a reformar las escuelas en las que no se logren esos niveles. El plan es ambicioso al establecer que todos los niños que terminen sus estudios secundarios deben estar preparados para la universidad sin importar sus orígenes y situación. Al final, lo que se pretende es que la excelencia no solo se genere en las tradicionales instituciones académicas estadounidenses, sino también en la escuela pública, como un modo de garantizar la igualdad de oportunidades sin depender de los ingresos familiares para tener una buena educación.
Guantánamo, células madre y reforma migratoria
Obama ha prohibido de forma expresa, y para que no quede ninguna duda, las torturas en los interrogatorios de la CIA. Además, ha clausurado las llamadas cárceles secretas de la agencia de espionaje en otros países, agujeros negros dentro del derecho internacional pues en dichas cárceles se cometieron abusos contra los reclusos. Se ha enviado a diversos presos de la cárcel de Guantánamo a que cumplan sus condenas en cárceles de otros países (cinco lo harán en España). Otros presos se pretende que sean juzgados en tribunales civiles de Nueva York, lo que está suscitando oposición por parte de los neoyorkinos, incluido su alcalde. En todo caso, Obama ha dado los pasos para cerrar la cárcel de Guantámano, donde se mantenía a los presos en un limbo jurídico sin garantías legales. Con ello esta Administración da una lección al mundo entero al demostrar que para combatir el terrorismo es más efectivo y ejemplarizante respetar el estado de derecho que usar métodos como la tortura para obtener confesiones, torturas que se practicaron con la anuencia de la anterior Administración.
Por otro lado, la Administración Obama ha levantado muchas, aunque no todas, de las restricciones que pesaban sobre los científicos en la investigación sobre células madres, siendo una clara concesión a sus votantes, sacrificando, en este aspecto, el necesario consenso.
Del mismo modo, el gobierno de Obama prometió realizar una reforma que abriera un camino a la legalización de los millones de inmigrantes indocumentados, y que lo haría en el primer año de su presidencia. Ello sin embargo no ha sido posible, debido al fuerte rechazo que dicha idea provoca entre algunos demócratas, por no decir entre los republicanos. Esta reforma deberá ser debatida con largo alcance, y parece que va a retrasarse, pues este otoño son las elecciones a toda la Cámara de Representantes y a un tercio del Senado, lo que redundará en los cálculos partidistas de los legisladores en detrimento de las reformas.
Conclusión
¿Es Obama un nuevo Carter, aquel presidente que bajo grandes expectativas acabó por no ser reelegido? En mi opinión, Obama posee una diferencia sustancial con Carter: tiene paciencia. Tiene paciencia porque sabe que las reformas que su país debe emprender no pueden ser propiedad de su partido, sino que deben perdurar en el tiempo bajo signo de diferentes gobiernos. Por eso mismo las reformas están tardando en llevarse a cabo, porque se busca el máximo consenso posible y no se pretende dar un paso en falso que lleve a un país al enfrentamiento ideológico.
Al estilo de Nelson Mandela cuando fue elegido presidente de Suráfrica, Obama no pretende gobernar únicamente para satisfacer a sus votantes, sino que pretende trascender las fronteras ideológicas y partidistas para prestar un efectivo servicio de buen gobierno a sus conciudadanos. Como todo gobernante en ejercicio, el presidente Obama ha cometido errores, pero ha sabido enmendarlos, o por lo menos, ha conseguido tener paciencia y llevar las reformas en sintonía con el poder legislativo, sin ejercer sus funciones presidenciales más allá de lo que le permite la Constitución de los Estados Unidos.
Como nos describe el analista Moisés Naím en El País (14-03-2010), “Era absolutamente imposible mantener las estratosféricas expectativas que tenía la gente dentro y fuera de Estados Unidos acerca del nuevo Presidente. Aún así, y a pesar de la caída de los índices de popularidad, cerca de la mitad de los estadounidenses siguen apoyando la gestión de Obama. Esto lo coloca entre los presidentes del mundo que más apoyo tienen de sus ciudadanos. La economía sigue débil, pero ya no está al borde del precipicio. El desempleo sigue alto, pero se ha estabilizado y los expertos calculan que continuará declinando. Salvar a los bancos tuvo enormes costes políticos, pero evitó el colapso del sistema financiero, lo cual hubiese tenido pavorosas consecuencias para todos. La reforma sanitaria implica tocar a poderosos grupos, empresariales y sindicales, que obtienen ingresos anuales equivalentes al 16% de la economía estadounidense. Esto explica por qué durante décadas nadie había logrado reformar el sistema. Pero, de una manera u otra, Obama logrará que se aprueben reformas que si bien serán insuficientes, significarán un avance”.
Además, Obama ha llevado a cabo un cambio en los modos de ejercer la presidencia. Ha acudido a reunirse en numerosas ocasiones con los líderes de demócratas y republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado, ha celebrado debates con legisladores republicanos sobre la reforma sanitaria, ha convocado encuentros de expertos y sociedad civil para acordar medidas contra la crisis económica, ha acudido incluso a una reunión del partido republicano. Está siendo, pues, un Presidente que cree en el parlamentarismo y no se enroca en la Casa Blanca, pues sabe, con acierto, que el gobierno de un país no puede ser llevado a cabo por una sola persona, sino que precisa del apoyo y consenso de legisladores y expertos en cada materia.
En fin, si este primer año de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos no ha sido calificado como deslumbrante por los medios de comunicación, es precisamente porque ha sido un año democrático, donde el Presidente se ha puesto a disposición de los representantes del pueblo para recibir las críticas que mereciera y fueran oportunas, y eso es un logro democrático mucho mayor que recibir titulares de televisión favorables. Por ello, la esperanza de un Presidente como Obama de usos verdaderamente democráticos y representativos de los intereses generales continúa vigente. Y ese es el verdadero cambio.