Archive for December, 2008

Israel: ¿terrorismo de Estado o genocidio?

Tuesday, December 30th, 2008

Más de 350 muertos y miles de heridos en el peor atentado terrorista orquestado desde el 11-S. Sólo que esta vez no ha sido el terrorismo islamista, sino el terrorismo del Estado sionista de Israel. Se duplica la cifra de muertos de los atentados del 11-M en Madrid, y se alcanza una similar cifra de heridos, por decir alguna cifra que nos permita comprender el horror orquestado por Israel. La pregunta es: ¿estamos ante un acto de terrorismo de Estado, o ante un verdadero genocidio?; ¿hasta cuándo va a consentir la comunidad internacional que Israel asesine impunemente?

Transcribo, a continuación, unos simples datos que enumera hoy Javier Valenzuela, antiguo corresponsal en la zona, para entender el conflicto en Oriente Medio.

1.- El Estado de Israel se fundó en 1948 en buena parte del entonces Mandato Británico en Palestina, un territorio en el que vivían cientos de miles de árabes, los que hoy conocemos como palestinos. Esa fundación causó que muchas familias árabes perdieran sus hogares y sus tierras, son los llamados refugiados palestinos.

2.- En 1967, al término de una brillante campaña militar, Israel se adueñó de lo que aún le faltaba de Palestina: los territorios de Cisjordania y Gaza y la parte oriental, la histórica, de Jerusalén. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución instándole a abandonar esos territorios ocupados. Más de cuarenta años después, tal resolución sigue siendo papel mojado.

3.- Israel ha instalado a millares de colonos suyos en Jerusalén Oriental y Cisjordania. Ningún proceso de paz ha detenido esa colonización de unos territorios ocupados militarmente.

4.- Para proteger a esos colonos, Israel ha levantado en Tierra Santa un nuevo Muro de la Vergüenza. El Occidente democrático, que con justicia denunció el de Berlín, no ha sancionado a Israel por este hecho. 5.- En efecto, Gaza fue abandonada militarmente por Israel hace unos tres años. Desde entonces, esa minúscula franja se ha convertido en el mayor campo de concentración –también puede usarse la palabra “gueto”- del mundo. En chabolas y sobre estercoleros, viven un millón.

6.- Gaza está gobernada por Hamás, un movimiento islamista que, en efecto, es capaz de utilizar métodos terroristas. Sobre Hamás cabe decir dos cosas: la primera, que su nacimiento fue alentado por el propio Israel en los años ochenta, como alternativa a la laica e izquierdista OLP de Arafat; la segunda, que ganó las elecciones libres celebradas en Gaza. 

7.- Desde hace meses, numerosas organizaciones humanitarias intentan llamar la atención sobre la desesperada situación de los habitantes de Gaza. Sin el menor éxito, por supuesto. El mundo da por hechos los sufrimientos de los palestinos; no les tolera, en cambio, que los exterioricen contra Israel. Ni a pedradas ni con cohetes.

8.- Si eres gentil, decir lo anterior te convierte en un furibundo antisemita, un émulo de Hitler y un neonazi militante, según la ideología dominante en Israel. Aunque tu pedigrí antifascista sea impecable, aunque tus ancestros también hayan sido víctimas de Hitler y/o sus aliados, aunque la mera mención del Holocausto te provoque un terrible dolor, aunque admires al pueblo y la cultura judíos y aunque defiendas a capa y espada el derecho a la existencia en paz y seguridad de Israel en las fronteras anteriores a 1967. Y si eres judío, como los escritores David Grossman y Amos Oz, decir lo anterior te convierte en alguien que odia a su propio pueblo, en un nazi con kipá.

 

Estafa Madoff: consecuencias del liberalismo

Tuesday, December 16th, 2008

Llevan años diciéndonos que el mercado se regula solo, que una “mano invisible” lo guía y lo ordena, que el Estado no debe intervenir ni regular la economía. Es la doctrina liberal, la doctrina de Thatcher, Reagan, los neoliberales de Bush, el FMI, el Banco Mundial.

Eso se hizo: no intervenir, no regular, no supervisar. El mercado se reguló a sí mismo. Y así surge la estafa Madoff, la mayor de la historia, con una repercusión de 55.000 millones de dólares. Y todo por no supervisar y regular esos fondos de inversión opacos que escondían tras de sí una estafa piramidal. Como no se supervisaban esas finanzas, nadie pudo saber que se sostenían sobre humo, que eran puro engaño.

Pues bien, lo mejor que nos deja esta historia es que ha acabado perjudicando a muchos de los apologetas de este ultraliberalismo, que han caído en las redes de sus propias teorías y han visto como la falta de regulación les ha llevado a ser estafados en cuantías millonarias.

Al menos, por una vez, y posiblemente sin que sirva de precedente, el doctor ha probado su propia medicina, y los paganos de la crisis y el fracaso del neoliberalismo no han sido la gente de a pie, sino las grandes fortunas, los que - hasta ahora - ganaban siempre.

El liberalismo salvaje ha fagocitado a sus más fervientes defensores.

25 años de democracia en Argentina

Thursday, December 11th, 2008

Ayer fue un día especial: se conmemoraba el 60 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Al mismo tiempo, en un acontecimiento íntimamente relacionado, se celebraban los 25 años de Democracia en Argentina, después de que en un 10 de diciembre de 1983 se pusiera fin a la Dictadura de la Junta Militar, caracterizada por las brutales y sistemáticas violaciones de los derechos humanos.

Por ello, esta fecha no es sólo motivo de celebración en Argentina, sino que es también un momento para recordar la barbarie cometida durante su Dictadura Militar, a fin de que recordando la ignominia, sabiendo la verdad de lo que pasó y enjuiciando a sus responsables, se pueda evitar que esos execrables sucesos vuelvan a cometerse. En palabras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “toda la sociedad tiene el irrenunciable derecho de conocer la verdad de lo ocurrido, así como las razones y circunstancias en las que aberrantes delitos llegaron a cometerse, a fin de evitar que esos hechos vuelvan a ocurrir en el futuro”.

Unos simples datos sobre la Dictadura Argentina. Según el informe oficial “Nunca Más” de la CONADEP (Comisión Nacional de Desaparecidos), durante la Dictadura Argentina cerca de 22.000 personas fueron asesinadas, y otras 9.000 fueron “desaparecidas” (“Es una incógnita. El desaparecido no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo”, dijo el General Videla acerca de esas personas que, una vez detenidas por los militares, no volvían a aparecer).

Pero la barbarie no se detuvo allí. Decenas de miles de personas fueron torturadas por el simple hecho de tener ideas “contrarias a la civilización occidental”, esto es, por militar o simpatizar con partidos de izquierda, o tener amigos que lo hacían, o por escribir en revistas y periódicos críticos con el sistema, o participar en huelgas.

Las torturas más comunes eran el uso de la picana eléctrica, con descargas en las partes más sensibles del cuerpo humano (genitales), los golpes, la inmersión en agua o la violación de mujeres. A otros se les sedaba y se les lanzaba vivos desde los”helicópteros de la muerte” sobre el Río de la Plata. Por no hablar de las más brutales, recogidas por Julio César Strassera, fiscal del proceso contra las juntas militares en 1985: quemar los senos a las mujeres con un soplete o torturar a un bebé de 4 meses en presencia de sus padres.

Mención especial merece el secuestro de niños. Consistía en sustraer niños de corta edad de los detenidos e integrarlos en familias de militares o policías del Régimen. Otros muchos nacían en los campos de concentración, donde sus madres embarazadas estaban presas. Una vez nacidos, se le arrebataba a la madre, que solía ser asesinada para no dejar huellas, y se les daba a torturadores o militares. El Grupo de Tareas 3.3.2, comandado por Jorge Vildoza y bajo la supervisión del Almirante Eduardo Massera (uno de los dirigentes de la Junta Militar), resolvía a quién le correspondía el bebé de entre los militares o allegados que habían expresado al Grupo de Tareas el deseo de adoptar un niño. Los que se apropiaban de estos menores, usaban dos caminos para borrarles la identidad y su historia familiar: bien los adoptaban como hijos propios, bien se acogían a la figura jurídica de la adopción plena, que en Argentina borra el vínculo con la familia de sangre y el menor pasa a integrar la familia adoptiva. Dada la escasa edad, meses, de los menores, éstos no recordaban a sus originarios padres, y eran formados en los valores de sus nuevas familias. Un General argentino justificó esta práctica en una entrevista, en la que reconoció ser responsable de al menos 5.000 desaparecidos: “Había que sacárselos para que no se hicieran subversivos”.

Muchos de esos niños, que por diversos motivos descubrieron el engaño de sus vidas, buscan aún a sus familiares, con la tragedia a cuestas de saber que no tienen identidad, que la vida que se les dio era falsa.

Estos son sólo algunos de los terroríficos hechos que perpetraron los militares durante la Dictadura que un día como hoy de hace 25 años, tocó a su fin.

Felizmente, muchos de esos dirigentes están siendo hoy juzgados, una vez que las ignominiosas leyes de Punto Final y Obediencia Debida y de Amnistía que los primeros gobiernos democráticos se vieron presionados a promulgar, fueron anuladas por los Tribunales.

Hoy, por tanto, no sólo podemos celebrar el 40 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino que todos los defensores de ésta deben de estar de enhorabuena pues un día como hoy de hace 25 años, cayó una de las más feroces y sanguinarias Dictaduras que conoció el Siglo XX.

Una imagen vale más que mil palabras

Tuesday, December 9th, 2008

Manel Fontdevila, humorista de Público, dibujó la siguiente viñeta coincidiendo con el 30 aniversario de la Constitución Española. A veces, una imagen vale más que mil palabras.

Dos opiniones interesantes: Javier Ortiz e Iñaki Gabilondo

Friday, December 5th, 2008

Transcribo hoy dos opiniones interesantes y autorizadas sobre dos temas de actualidad con mucho trasfondo. En la primera, Javier Ortiz, en su columna de Público, pone en evidencia el doble rasero de Occidente según los asuntos que trate, el enorme cinismo que embarga a determinados apóstoles del bien y del mal. La segunda es la opinión de Iñaki Gabilondo sobre el profundo mal que atenaza a Euskadi, sobre la miseria moral que ha impregnado a gran parte de la sociedad vasca.

Hugo Chávez anima a sus seguidores a promover una consulta popular que le permita repetir su mandato presidencial y muchos de nuestros probos comentaristas están escandalizados.

Es curioso cómo funcionan. Si la población de tal o cual estado europeo rechaza en referéndum una reforma importante del funcionamiento de la UE –ha habido varias que han padecido esa suerte–, a nuestros guardianes de la pureza democrática les parece estupendo que el asunto vuelva a someterse a votación al cabo de unos pocos meses, a ver si tiene mejor suerte, e incluso aplauden que se busque un subterfugio para sacar adelante el proyecto sin necesidad de que pase por las urnas, no vaya a ser que sea derrotado de nuevo. En Dinamarca, en Francia y en Irlanda saben algo de estas cosas.

No hay ningún principio rector de la democracia que establezca que lo decidido en un referéndum no pueda ser rectificado en virtud de otro referéndum posterior. No sólo porque el propio electorado experimenta transformaciones generacionales, sino también porque cada votante puede cambiar de opinión en función de las circunstancias. (Un dato curioso: según el último Sociómetro Vasco, recientemente dado a conocer, una proporción considerable de la población vasca declara que apoyaría o rechazaría en las urnas la independencia de Euskadi según cómo viera las cosas en el momento de producirse la votación.)

En resumen: que casi todo en esta vida es legítimo, a no ser que sea el jefe de Estado venezolano quien lo proponga.

“¡Quiere convertir su presidencia en vitalicia!”, claman algunos. Ya. No como Juan Carlos I, quien, como todos sabemos, abandonó el cargo al cabo de dos mandatos, tras pasar por las urnas”. (Javier Ortiz en Público).

Tal vez a España le cueste acabar con ETA, pero Euskadi, si lo quisiera, podría acabar hoy mismo. Bastaría que los vascos despertáramos del sueño y recuperáramos nuestra dignidad como pueblo. Una dignidad que hemos malbaratado en tantos años de comprensiones equivocadas, interpretaciones políticas enrevesadas y una variada gama de excusas y desenfoques para no ver lo obvio. Para no ver asesinos en los asesinos de ETA, sino patriotas, o hermanos descarriados, o vanguardia política, o mal necesario, o mal indeseable pero inevitable. Al no verlos exactamente como asesinos, era fácil que muchos no vieran a las víctimas exactamente como víctimas. Así, poco a poco, día a día, año a año, hasta el desarrollo del virus y la infección general; y la pérdida de la dignidad, por tanto silencio, tanta cobardía. Nos fuimos enredando en discusiones bizantinas sobre soluciones políticas o soluciones policiales, y sus múltiples combinaciones en uno u otro momento de la historia. Nos trabamos también, de forma pegajosa, en las disputas de ocasión. Lemoniz o Leizaran, hoy la Y griega vasca. Como si fueran razones cuando sólo han sido y son excusas. Enmarañados en esas disputas, relacionando la violencia con tal o cual hecho político o social, fuimos digiriendo, como simple efecto secundario, crímenes, muertos, huérfanos, viudas, amenazas y extorsiones. Y nos envenenamos. Euskadi es un pueblo que está envenenado. Desde hace unos años, lo sabemos con claridad, y nos asusta. Y queremos curarnos, y hemos empezado a curarnos. Pero todavía muchos sueñan con milagros. A esos milagros los llaman Madrid, referéndum o consulta. Pero los remedios no están en Madrid ni en la consulta. Están, por ejemplo, en los 2.409 votantes de ANV en Azpeitia, y en su joven alcalde, Iñaki Errazkin, también de ANV. Si ellos se atrevieran a defender sus objetivos políticos sin la ayuda de asesinos, y dijeran “no” a ETA, estaríamos en el camino de la curación colectiva. Pero ya vemos que no: 2410 cobardes. Y ya sabemos, lo dijo Montaigne, que la cobardía es la madre de la crueldad”. (Iñaki Gabilondo).

Juan Marsé, Premio Cervantes

Wednesday, December 3rd, 2008

Se ha hecho justicia, y en la primera edición con un jurado independiente, Juan Marsé ha ganado el Premio Cervantes. Se trata, sin duda, de uno de los mejores escritores de la segunda mitad del Siglo XX, y el máximo exponente del realismo social.

Escritor barcelonés, autodidacta (no tuvo estudios, y escribió su primera novela cuando aún era un orfebre joyero), su obra transita por unos territorios perfectamente delimitados, fruto de su experiencia personal y más concretamente, de una infancia dura y dolorosa en los barrios populares de la Barcelona de la posguerra, donde se desarrolla la  casi totalidad de su obra.

Su carrera literaria comenzará en 1961 con “Encerrados con un sólo juguete”, novela en la que ya aparece la temática que marcará su trayectoria posterior: la infancia, la dura posguerra, la hostil realidad de la época en que le tocó vivir. Sin embargo, se trata de una novela intimista, de cierto corte existencial, alejada de la corriente realista y social que desarrollaría en el resto de su obra.

La consagración le llegó con su segunda y mejor novela, “Ultimas tardes con Teresa” (1966), obra clásica de la literatura española del Siglo XX. En ella, se narran las andanzas de un charnego golfo, desarraigado y barriobajero, el célebre Pijoaparte, que consigue enamorar a Teresa, una chica progresista de la burguesía catalana, que se siente fascinada por el carácter obrero y falsamente comprometido del Pijoaparte. La novela narra los deseos de Pijoaparte de ascender en la escala social, lo que le lleva a seducir a una criada (en la antológica escena en la que después de seducirla, descubre que no es la chica rica, sino la sirvienta) con el fin de acercarse a su señora. El Pijoaparte, marginal, delincuente juvenil acostumbrado a lidiar con la dura vida del Carmelo, entra en el mundo de la “gauche divine”, encarnado por Teresa y sus amigos universitarios, hijos de ricos burgueses que juegan a ser progresistas. En la novela, dotada de un gran sarcasmo e ironía, se desmitifica a parte de esa burguesía que creía luchar contra el franquismo y estar con los obreros por discutir sobre filosofías marxistas mientras tomaban gin-tonics en los locales de moda. Por su parte, el Pijoaparte supone también una cierta crítica a esa mitificación de la clase obrera, a la que pertenecía Marsé, y que en muchos casos no buscaba sino ascender en la escala social.

La novela, espléndidamente escrita, con una gran profundidad psicológica (el Pijoaparte ha quedado como símbolo del charnego de esa época), está llena de guiños poéticos, con una prosa lírica a la par que amarga, cargada de sorna y de sordos reproches y críticas a la sociedad de la época. Una novela que pasa al imaginario de todos los lectores, cautivándolos con la fracasada historia de amor que narra (¿verdadera al final, falsamente verdadera?) y con la personalidad de unos protagonistas únicos e irrepetibles.

Su siguiente obra, “La oscura historia de la prima Montse”(1970) marca el asentamiento de los temas ya presentes en su anterior novela, y que continúan en esta, si bien en este caso el autor expresa más claramente sus críticas a la sociedad burguesa y prejuiciada de la época. Se narra la historia de amor entre una chica burguesa, culta, educada y muy religiosa y un ex-presidiario ambicioso y ateo, todo ello rodeado del trasfondo de una burguesía familiar fuertemente cuestionada, que se opone a la relación. La novela contiene técnicas experimentales de gran dificultad, con una combinación de narradores (primera persona presencial, tercera persona, primera persona referencial, incluso el autor interviene en la novela expresando sus opiniones) y alteraciones temporales que dotan de riqueza a la obra y añaden diversos puntos de vista, hasta conseguir un preciosismo formal y una riqueza técnica sin igual. Vuelve a estar presente la contraposición entre el mundo marginal y el mundo burgués, así como una clara ridiculización de ciertas actitudes religiosas y burguesas(destacando entre ellas el magnífico capítulo del retiro espiritual). Todo ello sin descuidar una prosa cuidada, en ciertos momentos melancólica, condescendente con los protagonistas y poética.

Con un Marsé ya consagrado, en 1973 publica en México, debido a la censura, la que quizás es, junto a Últimas tardes con Teresa, su mejor novela, “Si te dicen que caí”. En esta obra, “una secreta y nostálgica despedida de su infancia”, en palabras de su autor, se muestran con más claridad que nunca los temas novelísticos presentes en la narrativa de Marsé: la infancia, la dura y mísera realidad de la posguerra, la ensoñación (las “aventis”, historias inventadas por los niños) como medio de escapar a la realidad. Supone un estremecedor y amargo relato de la vida de los niños en el Guinardó de la inmediata posguerra, un barrio marcado por la miseria, el hambre, por la distinción entre vencedores y vencidos, donde los niños cuentas sus “aventis” para escapar de una realidad de la que sin embargo, no podrán dejar de impregnarse, una realidad que les marca hasta contaminar sus sueños. Como resumiría Marsé al comienzo de “El embrujo de Shangai”, “los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos”.

En “Si te dicen que caí”, calificada por algunos como un ajuste de cuentas con el franquismo, se vuelve a experimentar formalmente con la diversidad de narradores y la alteración de los espacios temporales, así como con la confusión entre realidad y fantasía. La prosa sigue conteniendo fuertes dosis de crítica, de sátira y de sorna, sin dejar de un lado esa nostalgia del futuro, esa sensación de pérdida que siempre contiene la prosa de Marsé. Se trata, al fin y al cabo, de una obra maestra de la literatura española, y quizás el máximo y mejor exponente del realismo social español del Siglo XX.

El resto de la obra de Marsé transitará, de algún modo, por estos caminos, siempre con un universo particular presente en todos sus libros: los barrios barceloneses del Guinardó, Gracia y Monte Carmelo; la presencia de niños como protagonistas; el recurso a la imaginación de esos mismos niños; el problema de la identidad (fruto a su vez de su propia historia personal de niño adoptado); el recuerdo de los cines y sus personajes (vaqueros, gángsteres, fu-manchús y mujeres fatales que pululan por la mente de los niños), de “los domingos con sesiones doble de cine, NODO y paja”, en palabras del autor; la leve distinción, en fin, entre verdad y mentira, amor y desamor, realidad e imaginación.

Sus siguientes novelas transitarían, pues, por esta senda, destacando “Un día volveré” (1982),”El embrujo de Shangai” (1993) y “Rabos de lagartija” (2000).

Una obra literaria firme y asentada, muy personal, marcada por la dura infancia y los “40 años de franquismo”, de contenido social, crítica e irónica, pero con una fuerte presencia de la nostalgia, del sentimiento, de un lirismo sin igual en las letras españolas. Una prosa que impacta al lector, una capacidad de individualización de los personajes que, a pesar del uso frecuente de un protagonista coral, consigue dar vida propia a cada uno de ellos y hacerlos formar parte de nuestro imaginario personal (cómo no recordar al Pijoaparte, a Teresa, a Montse, Sarnita o al Capitán Blay).

Se trata de uno de los mejores escritores de la segunda mitad del siglo XX, con una prosa libre e independiente (no en vano tiene fama de ser el “enfant terrible” de las letras españolas, con capacidad para enfadas a tirios y troyanos, como demostró en Últimas tardes con Teresa), marcada por las vivencias personales, comprometida y dotada de gran variedad léxica y riqueza técnica y formal.

Un justo premio a una trayectoria literaria donde no hay un solo borrón, y a la que cada lector que se ha acercado, no ha podido sino salir cautivado y maravillado por la capacidad de crear personajes universales e imperecederos en mundos sumamente particulares y personales. El maestro, en fin, de toda una generación, la memoria de muchos niños que, como él, soñaban con un mundo mejor mientras corrían por las desvencijadas calles del Guinardó.