Archive for March, 2009

“Todos somos injustos con Israel”

Friday, March 27th, 2009

Carlos Enrique Bayo escribía ayer un artículo en Público titulado “Todos somos tendenciosos e injustos con Israel” en el que pone en evidencia el manipulador razonamiento según el cual quien ose criticar a Israel por cualquiera de sus actos es un antisemita, sectaria y amigo de los terroristas.

Todos somos tendenciosos e injustos con Israel

Resulta que el relator de derechos humanos de la ONU para Palestina, Richard Falk, es un hombre que, pese a ser judío, tiene opiniones “sesgadas” e “injustas” contra Israel, según nos aleccionó ayer el Departamento de Estado norteamericano. Como coincide con sus juicios sobre la matanza de casi un millar de civiles en Gaza, me doy cuenta de que yo también hago análisis tendenciosos sobre las acciones del Ejército israelí. Igualmente “unilaterales” con Israel son, claro, las organizaciones israelíes Médicos por los Derechos Humanos, por denunciar que los militares impidieron a los socorristas atender a los heridos, y Romper el Silencio, por difundir testimonios de soldados sobre los abusos de su Ejército. Y no digamos cuán parcial es Amnistía Internacional al presentar pruebas del uso de bombas de fósforo blanco en zonas densamente pobladas y pedir información sobre los extraños explosivos empleados, cuyas heridas los cirujanos no saben cómo curar. Por descontado, es “delirante” que el juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional considere criminal lanzar premeditadamente un proyectil de una tonelada contra un barrio residencial y matar a 14 inocentes, en su mayoría niños, además de dejar gravemente heridos a otros 150 civiles. Ni qué decir tiene que la prestigiosa revista The Lancet es maledicente cuando afirma que Israel causó una catástrofe hospitalaria atroz al bombardear clínicas y ambulatorios e impedir el suministro de fármacos y material médico en las zonas urbanas donde su Ejército estaba causando miles de heridos. Lo único que no me queda claro es si los cientos de niños palestinos muertos y heridos son también cómplices de tan sucia campaña antisemita.

Eludir responsabilidades

Monday, March 23rd, 2009

Iñaki Gabilondo pone el dedo en la llaga de una de las principales actitudes de nuestro tiempo: eludir responsabilidades. La culpa de nuestros errores nunca es nuestra, sino de otros. Nunca reconocemos que nos equivocamos, y mucho menos asumimos la responsabilidad de nuestros errores.

Adjunto el link con el video en el que Iñaki hace un lúcido análisis de esta actitud tan común hoy en día. Da que pensar.

http://www.cuatro.com/noticias/videos/comienza-el-largo-puente-huyamos-la-realidad-viene-aspera-y-amarga/20090318ctoultpro_33/

P.D.: Y lo dice una de las pocas personas a las que he visto asumir errores. En su momento, Iñaki apoyó con fervor el fallido proceso de paz con ETA. Tiempo después, demostrado el fracaso del proyecto, tuvo la valentía de decir delante de las cámaras, fijamente, que se había equivocado, que cometió un error al apoyarlo. A pocos personajes públicos he visto asumiendo los errores de esta manera. Creo que eso le confiere un plus de credibilidad.

Artículo de Martín - Pallín

Friday, March 20th, 2009

José Antonio Martín - Pallín, Magistrado Emérito del Tribunal Supremo, ha publicado el siguiente artículo en El País que trascribo por su interés:

Los muertos han aprendido a esperar

Se ha cumplido el primer aniversario de la Ley de la Memoria Histórica, publicada casi 30 años después de la instauración de la democracia. Un manto de silencio ha caído sobre la decisión del Juzgado Central de Instrucción número 5 que abrió diligencias penales para judicializar y esclarecer los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo. El juez Garzón plantea una cuestión clave: “Los hechos objeto de denuncia nunca han sido investigados penalmente por la justicia española por lo que, hasta el día de la fecha, la impunidad ha sido la regla frente a unos acontecimientos que podrían revestir la calificación jurídica de crimen contra la humanidad”.

La Audiencia Nacional (AN), al resolver el Recurso del Fiscal, declara extinguida la responsabilidad penal, por fallecimiento, de los líderes golpistas y admite, dialécticamente, la existencia de delitos de detención ilegal con desa-parición forzada de personas en el contexto de crímenes contra la humanidad, cometidos por personas fallecidas antes del inicio de la causa.

De forma incongruente se declara incompetente para conocer de estos crímenes, inhibiéndose en favor de los juzgados de instrucción, convirtiendo los hechos en delitos comunes. Para evitar malentendidos añade que esta resolución no afecta al “legítimo derecho de las víctimas de la Guerra Civil -todas- y la dictadura del general Franco de recuperar los restos de sus seres queridos dignificarlos y honrar su memoria”. Al mismo tiempo, declara expresamente excluidas de la resolución las cuestiones relativas a la prescripción o a la aplicación de la Ley de Amnistía. Resulta llamativa la afirmación tajante de que el delito de rebelión nunca ha sido competencia de la AN cuando expresamente se la atribuye la Ley Orgánica 4/1988.

Los argumentos del voto particular, manteniendo que nos encontramos ante un delito contra la forma de gobierno, son abrumadores. El propio fiscal acepta esta hipótesis, pero a continuación hace una finta, señalando que, en todo caso, sería competencia del Tribunal Supremo (TS), dada la condición de jefe de Estado y ministros de los imputados. Debe saber el fiscal que la competencia del TS se extiende solamente a los delitos cometidos por los aforados en el ejercicio de sus cargos. No sabíamos que un general golpista es un alto cargo y que además actúa en el ejercicio de sus funciones.

Si la AN conoce de los crímenes de derecho internacional sujetos a jurisdicción universal cometidos fuera del territorio nacional, resulta absurdo que esta competencia se diluya entre los juzgados de instrucción españoles cuando delitos de esta naturaleza se cometan en España. Siempre se ha dicho que el derecho tiene horror al vacío pero mucho más a la irracionalidad. Si la jurisdicción es universal, el territorio español no puede quedar fuera del universo. Es una contradicción en los términos, insalvable y absurda.

La situación actual es paradójica, insostenible e incluso puede devenir en delictiva. La AN se ha desprendido de su competencia y algunos juzgados de instrucción tampoco quieren saber nada de la investigación de hechos que tienen una incuestionable apariencia delictiva. Hace tiempo, EL PAÍS publicó la fotografía de una fosa común repleta de cadáveres con las manos atadas a la espalda y orificios de bala. Evidentemente, nos encontramos ante una muerte violenta o sospechosa de criminalidad que obliga al juez de instrucción a personarse en el lugar de los hechos, describirlo, identificar los cadáveres e incluso preguntar a los testigos que pudieran dar alguna luz sobre el hecho criminal. Esto ha sucedido en Málaga y ningún juzgado ni la fiscalía han solicitado que se abran unas diligencias penales.

Si alguna autoridad judicial o el ministerio fiscal tratan de justificar su escandalosa pasividad refugiándose en el texto de la Ley de la Memoria Histórica demuestra una preocupante ignorancia, al confundir la apertura de fosas con la persecución de delitos. La ley advierte que sus previsiones son compatibles con el ejercicio de las acciones y el acceso a los procedimientos judiciales establecidos en las leyes y en los tratados internacionales sucritos por España.

Los historiadores futuros comprobarán asombrados que hubo una Causa General contra los vencidos y ni un solo procedimiento penal contra los que recibieron el apoyo de Hitler y Mussolini.

Tampoco me parece solución abrir una oficina para facilitar la apertura de fosas como si se tratase de agilizar una licencia administrativa o de autorizar una excavación arqueológica. El Senado, en reciente decisión, ha privatizado la tragedia histórica, negando subvenciones para buscar la verdad.

Ésta es la paradójica situación actual. Miles de cadáveres a la búsqueda de un juez que les ampare. Los muertos están en las cunetas y fosas por crímenes contra sus personas y toda la humanidad. Los muertos saben esperar y conocen la verdad. Es posible que algún juzgado se considere incompetente por estimar que los hechos que está investigando son verdaderos crímenes contra la humanidad y devuelva la causa a la Audiencia Nacional. Habríamos perdido innecesariamente un tiempo que se dilata demasiado para la mayoría de las víctimas.

Vuelve la Teoría de la Conspiración

Saturday, March 14th, 2009

Juan Carlos Escudier realiza diariamente un interesante y mordaz análisis de la prensa diaria en su columna de Público (añado un enlace a su blog para quien esté interesado). Copio un extracto de su resumen de las últimas novedades de la Teoría de la Conspiración, que 5 años después sigue utilizando la mayor masacre de la historia de nuestro país para vender periódicos. Lamentable, mezquino, ruin, miserable. Se me agotan los calificativos para describir lo que hace El Mundo y la COPE con este trágico suceso.

“Como sus patrañas sobre el 11-M aún les resultan rentables, los agujerólogos han vuelto por donde solían en el quinto aniversario de los atentados. Quienes atribuyeron la matanza a ETA, implicaron al PSOE, trataron de anular las pruebas para dejar sin castigo a los culpables y fabularon una conspiración en la que estaba implicado hasta Manolete, siguen diciendo que quieren saber la verdad con notoria desvergüenza. Este año –explicaba Pilar Manjón en El País– han cambiado las cosas: “Por ejemplo, hay periódicos que hacen entrevistas con asesinos”. La voz del 11-M se refiere a El Mundo y su serial para demostrar que con Jamal Zougam, condenado a 40.000 años, no se ha hecho justicia. Como nos descuidemos, Ramírez le organiza una colecta.

Retirado de la circulación su agujerólogo de plantilla, el diario que más ha desacreditado la profesión periodística en este siglo ha echado mano para su enésimo enjuague de Luis del Pino, un sujeto dispuesto a vivir de los atentados el resto de su vida. Esto es lo que decía ayer en Libertad Digital: “Nuestros investigadores tuvieron la inmensa suerte de encontrar una bomba sin estallar en una comisaría. Y, no contentos con eso, a continuación resulta que identifican a partir de esa bomba a Zougam, a quien, por una inmensísima suerte, un error judicial había puesto en el punto de mira de la Policía cuatro años antes. ¡Oiga! ¡Eso no es suerte! ¡Eso es el recolmo de la repanocha de la apoteosis de la recojomegasuerte! ¡Vamos, que no hay quien se lo crea!”.

La sincronización de esta gentuza es de reloj suizo. Lean si no la carta a los corintios del apóstol Federico en la Cope: “Dijo Zapatero y mintió: ‘Inequívocamente terrorismo islamista’ ¿Terrorismo islaqué? (Pausa dramática) Ni ha habido investigación judicial salvo para ocultar pruebas, ni ha habido instrucción judicial digna de ese nombre (…) ni ha habido juicio porque aquello fue una farsa repugnante, ni hay arma del crimen porque no se ha querido averiguar (…). Como había que condenar a alguien rápido había tres personas, dos moros y un cristiano, esquizofrénico él, el otro tenía coartada pero 30.000, 40.000 años de cárcel… Total, ¿qué más da?”.

El reto de Patxi López

Wednesday, March 11th, 2009

Patxi López se va a convertir en el próximo Lehendakari, un hecho histórico después de 30 años de gobierno nacionalista. Sin embargo, este éxito puede convertirse en una difícil papeleta para Patxi López y para el Gobierno de Zapatero. Se trata, sin duda, de un regalo envenenado.

El escenario ideal para el PSE habría sido una victoria en las elecciones que le hubiera permitido gobernar con el apoyo de un PNV perdedor que no tuviera legitimidad para pedir la Presidencia. Sin embargo, no fue ese el resultado, y el PNV ganó las elecciones, aunque sin la mayoría suficiente para gobernar, lo cual hizo que Patxi López quedara a merced del PP si quería formar gobierno (y menos mal que al final no va a necesitar el apoyo de UPyD, cuyo escaño en el Parlamento Vasco ha sido la peor noticia que nos depararon las elecciones).

Patxi López va a tener que hacer verdaderos malabarismos para gobernar sin dividir a la sociedad. Su proyecto político, la clave de su éxito en las elecciones, ha sido abandonar el frentismo y esbozar unos planteamientos transversales, alejados del nacionalismo vasco excluyente y del nacionalismo español totalizador.

Sin embargo, ahora se va a ver abocado a gobernar con el apoyo del PP, que pretenderá darle el abrazo del oso y llevarle a sus posiciones de confrontación España - Euskadi. El reto será mantener el apoyo del PP, imprescindible para seguir gobernando, pero a la vez hacer una política suficientemente versátil y transversal como para impedir que se de un choque entre constitucionalistas y nacionalistas que crearía un clima irrespirable en Euskadi y restaría el apoyo de los nacionalistas moderados que el PSE recibió en estas elecciones.

Recordemos que el objetivo fundamental no debe ser sólo el cambio, sino conseguir que ese cambio sea duradero. Si ocurre como en Galicia y ese cambio no se consolida, de nada habrá servido este gobierno, y los nacionalistas volverán reforzados al poder. De ahí que Patxi López tenga que hilar muy fino, navegando entre dos aguas, manteniendo la centralidad que le ha permitido alcanzar este histórico resultado. No será fácil, porque el PP exigirá una política de máximos, pero debe intentarlo, porque si gobierna como quiere el PP, perderá apoyos y en las próximas elecciones tendrán al PNV de nuevo. No debe olvidar Patxi López que sólo un 8% de la población vasca quiere ese pacto PSE - PP.

Será una gran noticia el día que Patxi López forme Gobierno y ocupe la Lehedakaritza. Pero será una triste noticia si no consigue consolidar su proyecto y acaba deglutido por el radicalismo del PNV y del PP. Euskadi necesita tranquilidad, centralidad, proyectos alejados de los extremismos. Y que ese tipo de política sea duradera. El futuro de Euskadi y España dependerá en gran manera de que Patxi López consiga ese imposible, y consolide su proyecto.

Una cosa más. Patxi López debería preocuparse del apoyo y entusiasmo de ciertos sectores. Que El Mundo, la COPE, Telemadrid y la derecha mediática le jaleen y aplaudan estos días es un mal síntoma. Que se cuide del apoyo de quienes eran antes sus enemigos, porque si estos le dicen que va por el buen camino, es que algo estará haciendo mal.

Paradojas del aborto

Tuesday, March 10th, 2009

La Ministra de Igualdad ha presentando su proyecto de reforma de la Ley del Aborto. De acuerdo con su reforma, el aborto será libre durante las primeras 14 semanas, y se permitirá hasta la semana 22 en caso de peligro para la salud de la madre. Además, la Ley pretende que las menores de edad puedan abortar sin consentimiento de sus padres.

Dejando aparte la consideración que nos merece la reforma (una monstruosidad, a mi entender, que consagra el infanticidio) me gustaría llamar la atención sobre la terrible contradicción que encierra el hecho de que se elimine el consentimiento paterno a la hora de abortar pocas semanas después de que la Junta de Andalucía estableciera que las menores que se quieran someter a una cirugía estética necesitarán la preceptiva autorización de sus padres.

No puede ser mayor la contradicción, la incoherencia que evidencian estas leyes. Una chica de 16 años no tiene la capacidad de discernimiento necesaria para decidir si se opera la nariz, pero en cambio sí es lo suficientemente madura para decidir el futuro de su hijo, para eliminarlo si no le apetece asumir sus responsabilidades.

Es increible, pero cierto: en España va a ser más fácil abortar que operarse las tetas.

Sería cómico si no escondiera detrás la enorme tragedia de las decenas de miles de niños asesinados cada año en el claustro materno.

La ironía de El Roto: ¿Confianza empresarial?

Wednesday, March 4th, 2009

El Roto, siempre mordaz e irónico, satiriza la llamada a recuperar la confianza en los bancos y empresarios como medio indispensable para conseguir salir de la crisis que nos atenaza.

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La violencia política

Monday, March 2nd, 2009

La violencia política (aquella que se compone del terrorismo subversivo y de las violaciones de derechos humanos cometidas por el propio Estado) es algo terrible, conformado por el horror, el terror, el desgaste moral, la incertidumbre. Aquellos países que lo han padecido quedan marcados por muchos años, incapaces de restañar sus propias heridas, de hacer justicia.

Trascribo un artículo de un periodista peruano, Berto Ortiz, que narra con gran precisión el horror que sintieron los peruanos en los años de la violencia política entre Sendero Luminoso y el Estado Peruano. La misma sensación de terror que muchas otras personas han sentido a lo largo de la historia en diversos países, ya que si hay un sentimiento universal, ese es el del terror, el horror, el espanto ante la muerte y la destrucción. Creo que las escenas que describe podrían ser perfectamente posibles en países como Colombia, Palestina, Irlanda o, incluso, en el devastador País Vasco de los años 80.

Salir del cine de ver Arma Mortal y que, a pocos metros de la puerta, un Volkswagen vuele en mil pedazos. (Y empezar, desde ahí, a sospechar de todos los carros que humean demasiado). Llegar un día cualquiera a tu oficina y enterarte que la señora de la computadora de al lado no pudo venir hoy porque ayer la asesinaron a pedradas en un viaje de trabajo a Huancavelica. (Encontrar, al día siguiente en una revista, la foto de lo que quedó de ella en doble página central). Aprender que cuando revienta una bomba hay que tirarse al suelo con la boca abierta para que tus tímpanos no estallen (y decorar todas las ventanas de tu casa con tiras de esparadrapo para que –cuando ocurra- no perezcas degollado por esos cuchillos voladores que son los vidrios que arroja la onda expansiva).

Descubrir el aciago olor de la muerte en la Plaza de Armas de Satipo alfombrada horriblemente de cadáveres púrpuras e hinchados. (Confundirse ante la cantidad de horror que el filo incomprensible de un machete es capaz de esculpir sobre un pobre cuerpo humano). Olfatear, como un sabueso, todos los sobres que te llegan, en busca de aquel temible olor a avellanas que es el síntoma inequívoco de que alguien que te odia a morir te ha enviado una carta bomba. (Una le llegó a ese abogado tan prestigioso y le arrancó un brazo, otra a Melissa, la chica practicante del diario “Cambio” de quien, sobre las losetas, no quedó un solo rastro susceptible de ser reconocido).

Escuchar todas las noches, sin falta, en el noticiero el coro ronco y lastimero de los nuevos miembros de la interminable procesión de las viudas y los huérfanos llorando en quechua nuevas tragedias que nadie me traduce y que no entiendo. ( Y luego ese sonsonete imbécil de los políticos –tan longevos – repitiendo naderías: “repudio enérgico”, solidaridad con los deudos”, “comisión investigadora del Congreso”, para después irse a tomar un pisco sour con la falsa al bar del “Maury”).

Ver pasar delante de ti, como en una pesadilla, a un sereno de Miraflores que lleva en brazos a una niña con pijama de franela toda estampada de ositos y de sangre. Al muchacho que corre como un poseso entre la densa humareda de Tarata en llamas y repite un nombre, desesperado: Gustavo o Enrique o Miguel o como quiera que se llamara el hermano al que nunca más volvió a encontrar. A la anciana que regresa cojeando días después a rescatar de entre los escombros un sobreviviente cuadro de la última cena. Al señor Cava que marcha –ausente, como un zombie- por el centro de la avenida Larco llevando en las manos una flor blanca y la foto de su hijo, el atleta, muerto. A la pequeña Vanesa, la hija de la vendedora de cartera de la esquina, aprendiendo de nuevo –y sonriente- a caminar con una diminuta y terrible pierna ortopédica. (Todos estábamos a una cuadra, todos estuvimos a punto de pasar por allí, todos conocíamos a alguien que vivía o moría en esos edificios que se desmoronaron como fueran de galleta. Los blanquitos no sabíamos realmente por qué lloraban tanto todas esas mamachas en los despachos de los corresponsales. No teníamos la más remota idea de qué trataba todo aquello hasta esa noche. Tarata fue nuestro once de septiembre).

Quedarse otra vez a oscuras y sentir miedo. Oír una sirena y sentir miedo. Abrir de mañana el diario y sentir miedo. Sentir miedo de amanecer muerto en el Perú. Sentir miedo de amanecer vivo. Sentir miedo de que nunca acabe el miedo. Sentir miedo de que las llaves medio quemadas que encontraron entre las cenizas en la fosa de Cieneguilla abran la puerta de la casa de Amaro Cóndor, el estudiante de La Cantuta asesinado por militares: ver al fiscal forcejear con la chapa ante los flashes y rezar porque no abra, que no abra, que no abra y la llave abre, maldita sea, otra puerta más que da directo al mismo espanto al que nunca nos cansamos de volver.

Sentir miedo de salir a la calle sin documentos y que un policía nos detenga a la vuelta de una esquina, nos encierre en cualquier sótano hediondo y nadie vuelva a saber nunca de nosotros. Sentir miedo de haber tenido la mala suerte de haber salido a comprar el pan y pasado cerca del lugar del atentado o de llamarnos igual que algún buscado por la justicia y que ese error tan clamoroso, (cometido por un juez inapelable, encapuchado), sea reconocido por el Estado después de ocho años de tenernos sepultados vivos, tallando virgencitas sobre huesos de pescado o pedazos secos de jabón Bolívar, en una celda en la que hay que dormir sentado porque no hay espacio para echarse ni manera de contar el tiempo porque no hay cómo saber cuándo es de noche y cuándo de día.

Sentir miedo al enterarnos, por boca de un ex -miembro del Grupo Colina que tras haber “ejecutado un operativo”, es decir, tras haber asesinado a mansalva a los peruanos y peruanas de todo los tamaños que les mandaban asesinar, les tocaba, a veces, meterlos a la maleta e ir a enterrarlos a algún cerro perdido en las afueras y que cuando, entre gallos y medianoche, estaban logrando a duras penas tapar la fosa, la tierra comenzaba a sacudirse bajo sus botas porque, carajo, alguno de los muertos seguía vivo y, puta, qué palta, había que echar tierra más rápido para que no se te fuera a escapar del hueco ese rechucha.

Sentir miedo al ponerse a pensar cuántos torturados y cuántos muertos que ya nadie llora habrán sido lanzados a los abismos o fondeados en el mar para que nunca los puedan contabilizar siquiera las estadísticas. Sentir miedo de que cualquier ser querido nuestro llegue a estar, por mala suerte, alguna vez a merced de alguno de esos comandos de élite que, como parte de un entrenamiento altamente especializado, tienen que criar un cachorrito recién nacido, alimentarlo y cuidarlo amorosamente y años después matarlo a puñaladas, abrirle el vientre y comerse todas sus entrañas, embadurnándose de pies a cabeza para no ser considerado un cobarde sino, más bien, todo un patriota.

Sentir miedo al escuchar el testimonio feroz de Exhaltación Vargas, el sobreviviente insospechado de esa carnicería absurda y enloquecida que fue la Masacre de El Frontón, de esos ríos de sangre de los que tanto hablaba Villanueva del Campo, ¿Se acuerdan? Sangre que mancha más que la tinta indeleble de las mesas de sufragio porque ha manchado para siempre –y diga lo que diga- las manos aspaventosas de Alan García que ahora se desvive por convencernos de la decidida lucha que –comandando a esa caterva abyecta de asesinos- dice haber librado por la pacificación.

Sentir miedo de nuevo cuando alguna autoridad vuelve a restarle importancia al rebrote terrorista y recordar automáticamente la imperdonable y criminal ceguera que hizo presa del honestísimo y gallardo presidente Belaúnde cuando, a inicios de los 80, se refirió a los sanguinarios senderistas como “abigeos” ¡Abigeos! ¡Es decir: ladrones de ganado! Abigeos que le costaron al país tantas decenas de miles de muertos que acaso se hubieran evitado –también- con gobernantes menos candelejones, tibios y cacasenos.

Sentir miedo cada vez que vemos aparecer otro absoluto cretino declarando sandeces inauditas y comparables a las que perpetraba Valentín Pacho, connotado líder sindical, conspicuo miembro de la Izquierda Unida y orgulloso delegado del Perú en todos los besamanos a Fidel, muy recordado por haber dicho en 1989 que de llegar su variopinta alianza al poder y en aras de la lucha contra la pobreza sería menester “fusilar a todos los empresarios”, comentario que, como puede verse, marca distancia de modo tajante con la lógica homicida de Sendero.

Sentir miedo de evocar las lágrimas viriles –y culposas- de Monseñor Cipriani al anunciar su hondo pesar de que todos los emerretistas de la residencia del Japón hubieran muerto (de un infame tiro en la nuca, ahora lo sabemos ¿lo supo él?). Pensar que pastor tan humilde de corazón y noble y bueno y misericordioso haya sido durante tantos años la única alternativa que tuvieron los ayacuchanos más pobres para defender “esa cojudez” que eran sus choleados derechos humanos, francamente, da indignación.

La misma indignación que, personalmente, me genera comprobar el nivel extraordinario y casi unánime de estupidez que exhiben la mayoría de comentarios hechos al informe Final de la Comisión de la Verdad por políticos, periodistas, analistas, columnistas y onanistas: que está sesgado, que refleja un enfermo deseo de venganza, que no hay que hurgar en las heridas del pasado, que nadie los ha nombrado jueces, que no existe la figura de responsabilidad política, que no condena suficientemente a Sendero, que no se puede poner en el mismo nivel a las Fuerzas Armadas o –por último y esta es mi favorita –que los comisionados cobraron mucha plata y que con esa plata la Municipalidad de Lima hubiera podido inaugurar nuevas obras. Ave María.

¿Quién dijo que el Acuerdo Nacional no era posible? Señoras y señores, bienvenidos a la soñada concertación: Paniagua, Fujimori y García, Flores-Aráoz, Cabanillas, Rey, la Chávez y Barrón, por fin todos en ronda y de la manito. Y en la angurria electoral, hermanitos. Suave, locos, aquí no ha pasado nada. ¿Cuántos muertos dijo? Nooo, imposible. Aguanta tu carro. Qué va a ser. ¿Sesenticuánto? No, no se pasen, pues.

No puedo creer que ese sea el tono de la discusión. No han entendido nada. O mejor dicho, no han aprendido nada. Todo lo que he escrito líneas arriba –aunque se queda irremediablemente corto –intenta describir el Perú que me tocó en suerte. Y si, yo hubiera querido vivir en un país en el que matarnos sin cesar no fuera indispensable. En el que no hubiera que caminar chapaleando en sangre. Pero ya lo dije, esto es lo que me tocó. Un país sumamente rico en homicidas. Me subleva. Como a todos, espero. Yo creía que la guerra nos había legado 25,000 muertos. Ahora resulta que fueron más de 69,000 ¿vamos a enfrascarnos ahora en discusiones aritméticas? ¿Políticas, morales, religiosas, filosóficas? ¿Vamos a competir entre todos para saber cuál de nuestros asesinos es el menos asesino? La Comisión de la Verdad y la Reconciliación ha trabajado duro y parejo para poder darnos a los peruanos la peor de las noticias. Todos se quejan, en consecuencia. Todos chillan. El médico nos dice que tenemos cáncer y no se nos ocurre mejor cosa que pegarle. Es horrible lo que nos dicen. Pero nos jode tanto porque es verdad y desde esta página, sin influencia alguna, lo agradezco de veras. No sé si cobraron mucho o poco, no sé si se dejaron llevar en algún momento por su corazoncito progre, se están a favor o en contra de Toledo, no me importa. Les creo. A toda esa gente que se quemó las pestañas y se rompió los lomos para que ahora todos conozcamos esto que somos. A la practicante de leyes que se fue hasta la punta del cerro para recoger un testimonio olvidado, al testigo que venció el miedo y, estallando en llanto, contó su historia veinte años después, a la digitadota que, acaso, obvió la fiesta del sábado y se amaneció tipeando interminables listas de difuntos llamados “N.N. Juan” y N.N. María” o al estudiante de periodismo que aprendió a no tener miedo de seguir investigando. A todos ellos, eternas gracias. La Comisión de la Verdad nos ha revelado una auténtica tragedia: nos mataron miles de hermanos y, en vez de llorarlos, no se nos ocurre otra cosa que negarlo, que decir que es mentira, que debe tratarse de un error y que, por último, no es nuestra culpa. Pero nadie es inocente. Porque el asesino tiene nombre de país. Nos han revelado, como iba diciendo, nuestra hecatombe en todo su esplendor. Sorpresa. Todos estábamos muertos.