Archive for May, 2009

La Justicia Universal

Friday, May 29th, 2009

El gobierno, agobiado por la posible judicialización de violaciones de derechos humanos cometidas por Estados Unidos en Guantánamo e Israel en la masacre de Gaza, ha reaccionado y ha pactado con el PP una modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial en la que pone coto a la llamada competencia judicial universal o Justicia Universal que estaban aplicando los magistrados de los Juzgados Centrales de Instrucción a la hora de declararse competentes para investigar estos delitos.

Transcribo dos artículos de voces autorizadas en este asunto que ponen en cuestión la restricción a esta judicialización de las violaciones de la derechos humanos, que supone un paso atrás en la lucha contra la impunidad y en favor de la justicia que venían desarrollando muchos jueces.

Este primer artículo, incluido en la edición del martes de Público, es del Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada, Francisco Balaguer Callejón.

Justicia Universal y Estado de Derecho, por Francisco Balaguer Callejón

El aumento de casos relativos a la llamada jurisdicción universal en la Audiencia Nacional ha generado un debate tras el que se anuncian reformas legales de carácter restrictivo. Es comprensible que este tipo de asuntos sean vistos con preocupación por los responsables políticos, que tienen que hacer frente a las protestas de los estados afectados. Sin embargo, resulta discutible la legitimidad de esas protestas, tanto cuando se trata de países no democráticos como cuando se trata de estados democráticos.

Sobre los países que no son estados de derecho, por carecer de sistemas democráticos, poco hay que decir. Es coherente, aunque lamentable, que no hayan suscrito el Estatuto de Roma y que se nieguen a someterse a la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. No existe contradicción entre el ejercicio ilimitado del poder político que practican en el interior de sus fronteras y su voluntad de actuar en ejercicio de esa misma soberanía en el ámbito internacional. La ausencia de democracia favorece el tipo de crímenes que son susceptibles de ser juzgados a través de una jurisdicción universal. Estos estados no tienen ninguna legitimidad para oponerse al enjuiciamiento de esos crímenes.

Cuestión diferente se plantea con los países que constituyen democracias asentadas y en los que cabe hablar de estados de Derecho con mecanismos internos de control del poder plenamente asentados. La perplejidad con la que asisten a estos procesos se manifiesta en una crítica amarga basada en la idea de que nadie tiene que darles lecciones sobre el modo de funcionar de un Estado de derecho. Nadie pretende hacerlo con carácter general, ya que algunos de estos países tienen una cultura jurídica democrática mucho más extensa y profunda que la nuestra.

Sin embargo, esa cultura jurídica se ha basado históricamente en la idea de que en su acción exterior nada podía limitarles, pues cualquier control afectaría a su soberanía como Estado. Por ese motivo, han hecho cosas en el plano internacional que nunca habrían aceptado en el interno y ese es justamente el núcleo del problema. La contradicción entre el sometimiento interno a la ley y la barbarie externa no es ya sostenible para la conciencia jurídica de los países democráticos. En lugar de cuestionar la pretensión de tribunales extranjeros de enjuiciar a sus presuntos criminales, deberían plantearse qué es lo que ha fallado de manera tan estrepitosa en su forma de entender el Estado de derecho para que personas que decían representar a su país hayan realizado, presuntamente, actos abominables.

Si los estados no democráticos carecen de cualquier legitimidad para cuestionar la jurisdicción universal de la Audiencia Nacional, los estados democráticos sólo la tendrán en la medida en que revisen sus propias concepciones acerca del sentido de la democracia, el Estado de derecho y el respeto de los derechos humanos. Pero, si lo hacen, serán ellos mismos los que juzguen esos crímenes, sin necesidad de que intervenga ningún tribunal foráneo.

Este segundo artículo, también de Público, pertenece al Magistrado de la Audiencia Nacional Ramón Sáez.

Contra la impunidad, por Ramón Sáez

Varios procesos penales tramitados de manera simultánea en nuestros tribunales por crímenes internacionales han provocado –porque afectaban a poderosos estados del planeta– una reforma legal urgente que limita y desactiva la jurisdicción universal, para evitar, se dice, conflictos diplomáticos y que España se convierta en un gendarme mundial. Ante esa iniciativa es necesario recordar que los derechos humanos son universales, sea quien fuere la persona o el poder que los violente y la condición de la víctima.

La competencia extendida de las jurisdicciones nacionales para la persecución de los delitos internacionales –genocidio, crímenes de guerra, delitos de lesa humanidad– es una conquista reciente, aunque el derecho internacional imponía esa obligación desde hacía tiempo, así en 1949 para los crímenes de guerra. Por ese principio, cualquier Estado puede ejercer su jurisdicción ante ofensas graves a los intereses de la comunidad internacional, al margen del lugar de ejecución y de la nacionalidad del autor o de la víctima. Se intentaba reducir la inmensa impunidad de los crímenes de derecho internacional, los más graves, por su carácter sistemático y masivo, que conmueven la conciencia de la humanidad.

De su mano se ha impulsado una expansión del derecho en la esfera mundial, reconociendo la universalidad de los derechos humanos. Los que se consideran básicos en todas las culturas, porque atañen a la vida, la integridad y la libertad, han de gozar de un mínimo de protección efectiva. Como objetivo, habilitar un lugar a los derechos humanos en el orden global, a ser posible preferente. La jurisdicción universal cuestiona principios de funcionamiento de la sociedad internacional como los de no injerencia y respeto a la soberanía nacional, garantía de impunidad. Tal peligro representa la universalidad de los derechos. Contra la impunidad ha de levantarse una ciudadanía mundial, cuyo sustento sea la humanidad como sujeto de derecho, que a falta de articulación política en la globalización se sienta solidaria ante las peores violaciones de los derechos humanos.

Para ello se ha establecido un sistema de mínima tutela al que deben concurrir todas las instancias e instituciones públicas, tanto a escala nacional como regional, interestatal y supranacional. Es así como puede atisbarse la emergencia de un poder jurisdiccional penal global, con base en la obligación de la comunidad internacional y de los estados nacionales de proteger y dotar de eficacia universal a los derechos humanos, horizonte y compromiso que proclamara la carta de las Naciones Unidas.

Hemos asistido a dos desarrollos de ese proyecto civilizador. La justicia universal internacional, cuya expresión es la Corte Penal Internacional, paradigma de la globalización del derecho. Y el principio de competencia universal ejercido por las jurisdicciones nacionales, manifestación de una globalización que opera desde escalas locales. España se ha convertido en un modelo de jurisdicción extendida al haber acogido dicho principio sin limitaciones, con carácter absoluto, lo que expresa un compromiso fuerte en la persecución de los crímenes más graves y nos sitúa como referente en el derecho internacional y comparado.

El descubrimiento del derecho internacional penal por los jueces nacionales es un hecho inusitado, digno de ser apreciado y defendido porque evidencia la capacidad expansiva de los derechos humanos, el efecto simbólico de su vocación universal que ha permitido avanzar desde su primera y usurera concepción vinculada al hombre blanco europeo y propietario, que excluía a mujeres, esclavos, trabajadores y extranjeros, la gran mayoría de la población. La ciudadanía se ha ampliado a consecuencia de luchas sociales y políticas. Y los derechos humanos han dejado de ser patrimonio del Estado; ahora le obligan. Debemos aspirar a que ningún Estado, ni el más poderoso, pueda librarse de la fuerza del derecho y del deber de respeto a los derechos humanos.

Con esa finalidad se ha reconocido la responsabilidad penal individual y la de los mandatarios y jefes de Estado, superando las inmunidades diplomáticas. Ha nacido un espacio universal de jurisdicción penal compartida, donde interactúan tribunales internacionales y nacionales, en interés de la humanidad. Un orden jurídico internacional plural y complejo en el que conviven, en redes superpuestas, normas y jurisdicciones nacionales, regionales y mundiales. Esa especie de mundialización de los jueces –cuyo caso emblemático fue el asunto Pinochet– que tanto asusta a los gestores de la cosa pública preocupados por los intercambios económicos, es una de las palancas de la globalización del derecho, que las sociedades deben entender como un baluarte frente a la difusión de la barbarie y el desorden.

La Corte Penal Internacional, las prescripciones relativas a crímenes internacionales y su persecución universal reproducen el discurso del Estado constitucional de derecho en la esfera global, el proyecto moderno del sometimiento de todos los poderes, públicos y privados, al derecho y a los derechos humanos. La legalidad es un mecanismo excepcional para lograr una comunidad internacional decente y equilibrada. En el contexto neoliberal dominado por criterios de interés privado, la aplicación de la legalidad internacional, que articula la capacidad de ordenación del derecho, puede asumir un papel contra-hegemónico. La restricción de la jurisdicción universal frenaría ese desarrollo de los derechos humanos, significaría el triunfo de la razón de Estado (de estados delincuentes) sobre la razón del derecho. Un reversión histórica.

Homenaje a Mario Benedetti

Monday, May 18th, 2009

Mario Benedetti, el poeta hispano más leído después de Pablo Neruda, ha fallecido en su Uruguay natal. Se nos va un escritor en todo el sentido de la palabra, un novelista genial, un afilado periodista, un profundo ensayista y, ante todo, un magistral poeta.

La obra de Benedetti es enorme, y abarca todos los géneros literarios. Por encima de todo, destaca su poesía, honda y profunda, de gran aliento lírico, de un lenguaje y composición rico a la par que sencillo, con el que conseguía una poesía accesible al pueblo, convirtiéndola, por esto mismo, en universal. Pocas personas han conseguido como él reflejar los sentimientos y anhelos del ser humano a través de construcciones perfectas que, sin embargo, destacaban por su sencillez. En palabras de Luis García Montero, “quiso elaborar una poesía en la que el lenguaje lírico no fuese distinto al vocabulario de la sociedad”.

En su prosa mostraba un gran compromiso social, cercano al realismo, pero sin descuidar un cierto experimentalismo formal y, en todo caso, rozando la perfección formal y artística.

Su poesía y sus novelas fueron traducidas a cientos de lenguas, y forman parte ya de la Historia Universal de la Literatura. De entre toda su obra, quizás la más conocida y de mayor éxito sea La Tregua, que describe la vida en Montevideo de un gris oficinista a través de un cierto experimentalismo existencial.

Se ha dicho que Benedetti es el poeta del compromiso. Así es. Destacó por su militancia de izquierda (su apoyo a la Revolución Cubana le impidió ganar el Cervantes), y eso se tradujo en una obra social que, sin embargo, no descuidaba las exigencias artísticas. Ante todo, quiso ser la voz del pueblo, y por ello su poesía sentimental y lírica es reflejo de los sentimientos de todo ser humano, que a través de sus palabras, llega a comprenderse a sí mismo.

También se aprecia la tristeza y el desgarro en su obra, especialmente a partir de su exilio de Uruguay en 1973 a causa de la Dictadura Militar. A partir de entonces, la nostalgia y la melancolía cobrarán fuerza en sus versos.

El exilio, y su posterior “desexilio” fueron hechos traúmáticos que le marcaron. Nada más abandonar, por consejo de sus amigos, Montevideo, dejando a su mujer en Uruguay al cuidado de las madres de ambos, un amigo suyo fue detenido por la Dictadura Militar y sometido a torturas con el fin de que delatara a Benedetti y diera pistas sobre su paradero. El poeta se encontró ante una grave disyuntiva vital, y finalmente optó por regresar a Montevideo, sin que eso librara a su amigo de las más terribles torturas. Después, se exilió en Cuba, y posteriormente en España, donde residió en Mallorca y Madrid antes de volver, ya con la democracia, a Uruguay para alternar entre Madrid y Montevideo el resto de su vida.

Transcribo algunas poesías de este genial escritor uruguayo, que nos ha dejado un vacío irreparable en las letras españolas. Su nombre y su obra forman ya parte de nuestra Historia, y de nuestros recuerdos.

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
con tus puestas de sol
y tus amaneceres

sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro

te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota

te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía

pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono

estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
es un árbol añoso
de oscuros cabeceos

estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra

estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen

y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es por sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos mi
amor, mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no esta sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor, mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Ese chico triste y solitario

Friday, May 15th, 2009

Antonio Vega, ese chico solitario y triste, autor de la canción emblemática de la Movida, “La Chica de ayer”, ha muerto. Se va uno de los grandes compositores de la música española, un artista genial que luchó contra sí mismo a lo largo de muchos años, y que nos regaló estrofas memorables que narraban esa forma autodestructiva de vivir la vida que él tenía.

Quizás los versos que mejor le definan son aquellos de “Anatomía de una ola”:

«Tuve que correr, cuando la vida dijo ve. No hubo manera de pararme.

Correr que fue volar. Beber de un solo trago todo el mar. Y no sació mi sed el agua.
En el camino, tropecé. Con esa piedra, desde la que arranqué…

Tuve que correr cuando en el viento pude oír que igual que vine habría de marcharme».

Antonio Vega era uno de los mejores músicos españoles, con un punteo de guitarra sin igual y con una capacidad para componer canciones que lindaba con el lirismo. Junto a Enrique Urquijo, también trístemente fallecido, y Joaquín Sabina, quizás los tres emblemas de la música española de los años 80 y 90.

Aún hoy, a pesar de su deterioro físico, seguía dando recitales en pequeñas salas, y todavía se le podía ver por Malasaña, el barrio madrileño en el que se desarrolló la Movida y en el que aún quedan retazos de unos años duros, felices e inconscientes que se resisten a desaparecer.

Si tuviera que elegir una canción de Antonio, aparte de la mítica La Chica de ayer, sin duda elegiría El sitio de mi recreo, que tan bien define su personalidad.

Descanse en paz Antonio Vega, genio y figura al que tanto admiramos, con el que tanto disfrutamos y al que tanto añoraremos.

La reforma del mercado laboral

Thursday, May 7th, 2009

Se está hablando mucho del problema, real y cierto, del paro en España, pero al mismo tiempo que se discute y analiza, se dicen muchas inexactitudes, o más bien, se vierten opiniones interesadas.  Los empresarios, la patronal y los economistas neoliberales no cejan en su empeño de señalar que el mercado laboral necesita una reforma, y que ésta pasa ineludiblemente por el abaratamiento del despido. Sólo así, señalan, los empresarios se verán empujados a contratar gente, ya que en España el despido es muy caro. Parece, pues, que todo el problema del mercado de trabajo en España se resume en el coste del despido. Nada más lejos de la realidad.

Recientemente, el INE ha publicado un significativo dato, el de la evolución de los contratos de trabajo en España desde el comienzo de la crisis.

paroespana

Como vemos en el cuadro adjunto, desde Enero de 2007 el número de contratos de trabajo indefinidos ha aumentado, pasando de 11,23 millones de contratos indefinidos en 2007 a 11,74 en 2008 (ya en plena crisis) y a 11,81 millones en 2009. Es decir, que en plena crisis económica, el número de contratos indefinidos ha aumentado ligeramente.

Sin embargo, si analizamos la evolución de la contratación temporal en el mismo período, vemos como ésta ha pasado de 5,27 millones de contratos temporales a comienzos de 2007, a 5,07 millones en 2008 y 4,02 millones de personas en 2009. Es decir, más de 1.200.000 personas con contratos temporales han perdido su empleo con la crisis.

¿Qué significa esto? Significa que, contra lo que falsamente dicen los empresarios, el despido no es caro, en tanto que la gran mayoría de parados que ha generado estas crisis no ha sido por despidos de trabajadores indefinidos percibiendo la indemnización correspondiente de 20 días o 45 días, en su caso, sino por contratos temporales que no se han renovado, yendo estos trabajadores temporales al paro con una indemnizacion mínima de 8 días de salario. Por tanto, el coste para el empresario ha sido mínimo.

Lo que subyace destrás de todo esto es que el gran problema del mercado de trabajo en España es la temporalidad. En efecto, mientras la media de contratación temporal en Europa es del 10%, en España supera el 30%. Esto provoca que casi un 30% de la población activa esté permanentemente en el alambre, sobre el filo de una navaja, fluctuando entre la posiblidad de seguir en su puesto de trabajo merced a una nueva renovación de su contrato temporal (contrato basura habría que llamarlo más bien) o bien quedarse en paro con una indemnización mínima de 8 días de salario.

Mientras la economía va bien, el empleo, aunque sea de ínfima calidad, se mantiene. El problema llega cuando arrecia la crisis, en el que esa fluctuación que decimos se rompe y la mayoría de los trabajadores temporales, en vez de ver sus contratos renovados, se va directamente al desempleo sin que el empresario tenga que efectuar ni siquiera un despido: basta con esperar a la expiración del contrato temporal.

Por ello, en momentos de crisis el paro crece a una gran velocidad en España, ya que con que a la mitad de esos trabajadores temporales no se les renueve el contrato, el desempleo se incrementa en 1 millón y pico de personas, de forma rápida y barata para el empresario, cosa que no ocurre en otros países de nuestro entorno.

Todo esto nos indica que la solución no está en abaratar el despido, pues este ya es suficientemente barato.  Los empresarios buscan, a través de esta manipulación, conseguir que esa parte de sus trabajadores (los indefinidos) que se encuentran protegidos por una indemnización razonable, acabe quedando en la misma situación de desprotección en la que se ven los trabajadores temporales. Ni más, ni menos. Se busca que los despidos improcedentes sean más baratos, porque nadie podrá decir que un despido procedente es caro: si es por motivos disciplinarios, sale a coste cero, y si es por razones objetivas, sale a 20 días de salario por año de servicio. Lo que quieren es que cuando despidan sin causa, les salga a precio de saldo, cuando no gratuitamente.

Es curioso el argumento. A ningún empresario se le ocurriría defender que cuando se rompe e incumple un contrato, no hubiera indemnización para el perjudicado, para el que cumple con su parte. En los contratos comerciales, de servicios, en cualquier negocio, si una parte incumple, indemniza al otro. Todos los empresarios están de acuerdo. Pero cuando se incumple un contrato de trabajo y se despide sin causa, rompiendo este acuerdo contractual, quieren que sea gratis, sin indemnización alguna por incumplimiento.

A los empresarios que defienden estos temas habría que recordales muchas cosas. Que en los tiempos de bonanza, cuando sus empresas iban como motos y ellos se embolsaban sueldos millonarios y la empresa registraba beneficios inimaginables, los trabajadores serguían siendo contratados por medio de contratos basura con sueldos ínfimos, y cuando se procedía a negociar la subida salarial, ésta solía ser ligeramente superior a la inflación, mientras que los beneficios crecían exponencialmente en cifras de dos dígitos.

Ahora que la cosa va mal, la culpa es de los trabajadores, y ellos tienen que pagar la cuenta, cargar con la crisis. Cuando van bien las cosas, no ven el beneficio por ningún lado; en cambio, cuando van mal son los trabajadores los que tienen que cargar con la responsabilidad.

Quizá ninguno sepamos exactamente cómo salir de la crisis, pero lo que está claro es que la solución no pasa por abaratar el despido o recortar los derechos sociales de los más desfavorecidos. En todo caso, lo que sí deberíamos hacer es recordar. Recordar cuando vuelvan los tiempos de bonanza lo que hicieron los empresarios y banqueros cuando las cosas fueron mal, cómo dejaron abandonada a tanta gente y cómo se aprovecharon para intentar sacar tajada de la desgracia colectiva.

Cuando llegue la recuperación, habrá que plantearse cómo hacer un modelo económico en el que no siempre ganen los mismos (empresarios) y pierdan los mismos (trabajadores). Mientras tanto, sólo queda apechugar y luchar por recuperar la senda del crecimiento, pero no a cualquier coste, y menos aún a costa del sufrimiento y el esfuerzo de los que menos culpa tienen del entuerto en que nos han metido un puñado de empresarios (e ideólogos neoliberales) que se van de las empresas que quiebran con los bolsillos llenos mientras piden que se abarate el despido como medida imprescindible para solucionar la crisis.

P.D.: El presidente de la patronal, Díaz Ferrán, criticó ayer a Zapatero y elogió a Esperanza Aguirre, de quien dijo que es “cojonuda”. Si yo fuera el Presidente del Gobierno, me enorgullecería de que el jefe de los empresarios me criticase. Más aún cuando su modelo parece ser Esperanza Aguirre.