Archive for April, 2010

Garzón y los crímenes contra la humanidad

Saturday, April 17th, 2010

Baltasar Garzón, Magistrado del Juzgado Central de Instrucción Nº 5, está cerca de sentarse en el banquillo de los acusados por un presunto delito de prevaricación derivado de su intento de enjuiciar los crímenes del franquismo.

En octubre de 2008, ante la petición de asociaciones de familiares de represaliados por el franquismo, Garzón decidió instruir la causa de los crímenes del franquismo que derivaron en miles de personas desaparecidas que yacen, aún hoy, 70 años después de la Guerra Civil, enterradas en fosas comunes.

Nada más declarar su competencia, surgieron multitud de voces criticando a Garzón, básicamente porque consideraban que los delitos habían prescrito, que existía una Ley de Amnistía que impedía perseguirlos, en fin, por la falta de competencia de la Audiencia Nacional para enjuiciarlos.

Finalmente, Garzón acabó inhibiéndose por estar muertos los responsables, y el asunto de las fosas pasó a Juzgados Provinciales en lo que a la exhumación de los cuerpos se refiere, mientras que los crímenes quedaron sin investigar.

Poco después, un sindicato de extrema derecha, Manos Limpias, y el partido político Falange Española, presentaron una querella por prevaricación contra Garzón, que está siendo instruida por el Tribunal Supremo y que puede dar con Garzón en el banquillo de los acusados.

La prevaricación, según el artículo 446 del Código Penal, se aprecia en el Juez o Magistrado que “a sabiendas, dictare sentencia o resolución injusta“. Por tanto, para que Garzón hubiera prevaricado sería preciso que su resolución declarándose competente para investigar los crímenes del franquismo fuera un auténtico disparate jurídico, que él mismo supiera que no era competente y aun así prosiguiera con la instrucción

Pues bien, analicemos los hechos para comprobar cómo la posición de Garzón no sólo estaba justificada, sino que jurídicamente era la correcta.

Diversas Asociaciones de Memoria Histórica, ante la evidencia de que centenares de cuerpos yacen aun en fosas comunes, que no se han identificado los cadáveres ni juzgado a los responsables, presentaron una demanda cuya competencia, por reparto, correspondió al Juzgado Central de Instrucción nº 5 cuyo magistrado titular es Garzón. El magistrado, constatando la existencia de cuerpos sin reconocer, de posibles desapariciones forzadas y asesinatos extrajudiciales, y para no vulnerar el derecho a la tutela judicial efectiva que consagra el artículo 24.1 de la Constitución Española, estudia la posible competencia de los tribunales españoles.

En el Derecho Penal, el delito se define como una acción u omisión antijurídica, culpable y punible. Por tanto, habría que analizar si los hechos denunciados (desaparición forzosa y asesinato), son acciones antijurídicas, imputables a alguien en concepto de dolo o culpa y si son punibles.

Parece evidente que el asesinato es una acción antijurídica, y que quien los cometió lo hizo con intencionalidad. Ahora tocaría determinar si esas acciones son punibles en el momento que nos ocupan. Para ello habría que determinar si existe competencia penal de los tribunales españoles para juzgar los delitos que nos ocupan, si son perseguibles (si han prescrito o no) y si hay sujetos a los que imputar los actos.

Aquí es donde surgen varios problemas. Siendo claro que son acciones constitutivas de delito, su punibilidad quedaría en entredicho por el hecho de que tales delitos habrían prescrito o no serían perseguibles como consecuencia de la Ley de Amnistía de 1977. Para Garzón, sin embargo, los delitos no estarían prescritos ni serían amnistiables, al considerarlos crímenes contra la humanidad.

De acuerdo con la doctrina jurídica internacional, se consideran crímenes contra la humanidad “las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación, tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada, persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos u otros definidos expresamente, desaparición forzada, secuestro o cualesquiera actos inhumanos que causen graves sufrimientos o atenten contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque“. Parece claro que la práctica sistemática de asesinato y desaparición forzada de personas cometida por las tropas nacionales no sólo durante la Guerra Civil, sino también durante los primeros 15 años del franquismo, constituyen crímenes contra la humanidad. Así lo ha declarado, entre otros, el Consejo de Europa.

Y si son crímenes contra la humanidad, y no simples asesinatos, de acuerdo con el derecho penal internacional, estos delitos son imprescriptibles y no pueden ser amnistiados.

Uno de los argumentos usados contra Garzón radica en que cuando se cometieron estos delitos, allá por los años 30 y 40, no existía el concepto de crímenes contra la humanidad, y no se los podría considerar como tales.

Esto no es así por varias razones, entre las que se encuentra la Convención de la Haya de 1907 y la llamada cláusula Martens (principio de derecho internacional según el cual, en los supuestos no comprendidos por el derecho vigente, las poblaciones y los beligerantes quedan bajo la salvaguardia de los principios de humanidad y de las exigencias de la conciencia pública), que permitirían juzgar estos crímenes.

Además, el nacimiento del concepto de crímenes contra la humanidad en 1945 no impide su aplicación a hechos cometidos con anterioridad a esta fecha. De hecho, eso es precisamente lo que hizo el Tribunal de Nuremberg, tipificar las acciones cometidas por los nazis con anterioridad a esta fecha como crímenes contra la humanidad, y castigarlos por ello. En consecuencia, aunque se conceptualiza en 1945, se aplica a hechos cometidos con anterioridad. Por analogía, lo mismo podría predicarse de los asesinatos y desapariciones cometidas durante el franquismo.

Además, el Pacto Internacional de Derecho Civiles y Políticos establece que “nada de los dispuesto en este artículo se opondrá al juicio ni a la condena de una persona por actos u omisiones que, en el momento de cometerse, fueran delictivos según los principios generales del derecho reconocidos por la comunidad internacional“. Entendemos que el derecho a la vida es un derecho reconocido por la comunidad internacional desde hace siglos.
Por si fuera poco, hace más de 150 años que el jurista internacional Rafael Bello dejó claro que “en una nación i en una época dadas el derecho de gentes sea una parte de la jurisprudencia patria, no admite duda“, por lo que aun no estando tipificado como delito en su momento, al atacar los principios básicos del derecho de gentes, estas acciones de desaparición forzada y asesinato serían perseguibles.

Por su parte, respecto a la posible aplicación de la Ley de Amnistía de 1977, la jurisprudencia internacional considera que los crímenes contra la humanidad no son amnistiables. Así, la Corte Interamericana de Derechos Humanos establece taxativamente que son “inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos tales como la tortura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias y las desapariciones forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos…las mencionadas leyes carecen de efectos jurídicos y no pueden seguir representando un obstáculo para la investigación de los hechos que constituyen este caso ni para la identificación y el castigo de los responsables“, (caso “Barrios Altos”, sentencia del 14 de marzo de 2001).

En la misma línea, respecto a la prescripción de los crímenes contra la humanidad, el CIDH afirma que la “aplicación de las disposiciones de derecho interno sobre prescripción constituye una violación del deber del Estado de perseguir y sancionar, y consecuentemente, compromete su responsabilidad internacional” (caso “Trujillo Oroza vs. Bolivia” -Reparaciones, sentencia del 27 de febrero de 2002; caso “Benavides Cevallos”- cumplimiento de sentencia, resolución del 9 de septiembre de 2003).

Además, la Ley de Amnistía de 1997 se aplicaba a los delitos políticos, y no a los delitos comunes, y como dice Garzón, “¿se puede considerar que el rapto de los niños es un delito político? ¿Se puede considerar que la muerte de García Lorca tenía una finalidad política? ¿De quién eran ‘adversario político’ las decenas de miles de hombres, mujeres y niños desaparecidos por los pueblos de Castilla, de Extremadura, de Galicia…? ¿Son delitos políticos o son delitos contra la Humanidad?” Es obvio que no son simples delitos políticos como una manifestación o un escrito injurioso contra un dictador.

Para mayor escarnio de la posición de los tribunales españoles, estos, en situaciones de hecho similares ocurridas en las dictaduras de Argentina o Chile, han considerado tales delitos como crímenes contra la humanidad, imprescriptibles y cuya amnistía desconocían por vulnerar el derecho penal internacional. Así ocurrió, por ejemplo, en el caso del represor argentino Adolfo Scilingo, juzgado en España.

Por tanto, nos guste o no, es evidente que el exterminio masivo y la desaparición forzada de opositores al régimen franquista sólo puede considerarse como un caso de crímenes contra la humanidad que, de acuerdo con la jurisprudencia y doctrina internacional, son delitos imprescriptibles y que no se pueden amnistiar.

En consecuencia, es clara la competencia de los tribunales españoles para conocer del caso.

La actuación de Garzón fue, como vemos, correcta. Gran hilaridad produjo el hecho de que solicitara los certificados de defunción de importantes jerarcas de la Dictadura, entre ellos de Franco, pero hasta en eso fue correcto. Una vez demostrado que hay delito, y que es competente, debe indagar acerca de los responsables. Es obvio que estos han muerto, pero un proceso se basa en pruebas, no en presunciones, de ahí que fuera necesario solicitar el trámite de los certificados de defunción para aportarlos al proceso y declararlo concluso por falta de responsables, esto es, porque los culpables han fallecido. En cualquier caso, como dice Garzón, “el Juzgado Central de Instrucción se limitó a inhibirse por considerarse no competente, una vez constató el fallecimiento de los responsables. En relación con esta cuestión, no estará de más insistir en que a mi mandante no le constaba de antemano que los responsables de los crímenes, todos ellos, estuvieran muertos“. En efecto, varios jerarcas del franquismo que participaron en estos crímenes, siguen vivos residiendo en diversos pueblos de España. Son pocos, pero aún quedan algunos.

En fin, vemos que lo que fue una actuación escrupulosamente apegada a la Ley, con la finalidad de dar amparo a unas víctimas, se vuelve en su contra, y puede acabar con el propio magistrado en el banquillo de los acusados. El mundo al revés. Decenas de miles de asesinatos y desapariciones forzadas (la Resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 17 de marzo de 2006 habla de 190.000 asesinados después de la guerra), secuestro de niños, en fin, todos los delitos no ya cometidos en la Guerra Civil, sino durante la Dictadura, acabada la guerra, en un supuesto tiempo de paz y estabilidad, todos ellos, quedaron impunes, y en cambio quien decidió investigarlos puede ser condenado ahora por ello, y encima a iniciativa del partido político heredero del régimen (Falange).

¿No estaríamos, más bien, ante un caso de prevaricación del propio Tribunal Supremo? En efecto, el TS conoce perfectamente que Garzón se ha limitado a aplicar la teoría y doctrina internacional vigente, que el propio TS ha utilizado en el pasado y que ahora desconoce.

Un país que no es capaz de mirar al pasado y condenar sus propias atrocidades es un país que no aprende de sus errores, un país que no se ha reconciliado consigo mismo. Un país al que le da igual que miles de cuerpos yazcan en fosas comunes, un país indiferente ante el sufrimiento de las familias, es un país enfermo.

Ningún país con una experiencia similar ha pretendido no ya siquiera dejar impunes los crímenes cometidos, sino incluso proscribir la memoria. España sí. En palabras de Angela Merkel, “hacer borrón y cuenta nueva significaría querer reprimir algo. Primero que eso no funciona nunca; y segundo, creo que debemos mantener despierta la memoria de lo ocurrido ¿Cómo vamos a explicar lo importante que es la libertad si ocultamos las experiencias de la ausencia de libertad?”.

En España, sin embargo, nada de eso ha ocurrido. Y cuando un magistrado, ante la demanda de los familiares, intenta investigar los crímenes que han quedado sin esclarecer y exhumar cuerpos de desaparecidos que yacen en fosas comunes, ve como su intento de hacer justicia se vuelve en su contra y acaba él siendo enjuiciado. Así, podemos llegar a la paradoja de que los responsables de decenas de miles de asesinatos nunca hayan respondido por sus crímenes, que tampoco se pueda investigar los mismos, ni decir lo que todo el mundo sabe, que se cometieron crímenes contra la humanidad, ni tampoco desenterrar los cuerpos de los desaparecidos, y en cambio, quien insolentemente pretendió lo contrario, puede ser juzgado y, acaso, condenado por ello. Y a eso se le llama justicia.

Garzón y la prevaricación

Wednesday, April 7th, 2010

Aprovechando que la Justicia española ha dado un paso más en su camino a la infamia acordando la apertura de juicio oral contra Garzón, y siguiendo la línea argumental de mi artículo publicado en The Insider del mes de marzo, reseño a continuación el artículo publicado por Ximo Bosch, portavoz territorial de Jueces por la Democracia, en El País, titulado “Más allá de Garzón”, en el que denuncia la desproporción que supone juzgar a Garzón por un presunto delito de prevaricación derivado de una decisión judicial (la competencia de la Audiencia Nacional para investigar los crímenes del franquismo) que no sólo era legítima y posible, sino que fue apoyada por diversos magistrados en sus deliberaciones posteriores acerca del tema.

Más allá de Garzón

“Alguien escribió en forma aforística que los casos difíciles generan mal Derecho. La causa instruida por Garzón sobre la Guerra Civil y las posteriores querellas presentadas por supuesta prevaricación representan asuntos de cierta dificultad. Sin embargo, no parece que las resoluciones dictadas en ambos procedimientos presenten una mala calidad jurídica. Más bien dichas actuaciones han desencadenado una intensa polémica por la especial naturaleza de las mismas.

Al examinarse la labor de Garzón como instructor, resulta obligatorio entender la elevada complejidad del objeto de la investigación sobre la Guerra Civil.

No nos encontramos ante un pronunciamiento incruento como el que llevó a cabo el general Miguel Primo de Rivera, cuando en 1923 dio un golpe de Estado mediante un simple telegrama que remitió a Alfonso XIII.

Al contrario, el plan diseñado por Mola en julio de 1936, y continuado luego por Franco, buscaba derrocar un Gobierno constitucional mediante una amplia insurrección militar, así como usar el terror de forma planificada para exterminar a los adversarios ideológicos y de este modo atemorizar al resto de la población, con el fin de instaurar un nuevo orden político. Además, como señala Preston, el alcance de esta represión no tuvo equivalente en ningún país europeo por su extensión personal y su larga permanencia.

Al calificar penalmente estos hechos, partimos de un delito contra la forma de gobierno, que tuvo como consecuencia decenas de miles de asesinatos, torturas y lesiones. Y multitud de detenciones ilegales y desapariciones forzadas de personas que siguen enterradas en fosas comunes. Y, además, también otros sucesos penosos y poco conocidos, como los numerosos niños que fueron arrebatados a sus madres para ser entregados en adopción a familias del bando vencedor. La magnitud de esta terrible tragedia colectiva resulta difícil de describir. Por ello, la pluralidad de figuras delictivas concurrentes suscita enormes controversias sobre las normas aplicables, sobre los cómputos de la prescripción o sobre las reglas de competencia.

En relación con la causa contra Garzón, cualquier análisis de las resoluciones del magistrado instructor del Tribunal Supremo, Luciano Varela, debe implicar un reconocimiento de su trayectoria y de su acreditada valía profesional.

No obstante, existen importantes voces en la comunidad jurídica que han expresado sus discrepancias al considerar que se está optando de forma discutible por una lectura extensiva del delito de prevaricación. Desde esta perspectiva, Garzón se habría decantado por una alternativa jurídica legítima entre las varias posibles. En consecuencia, no resultaría acertado afirmar que Garzón sabía que no era competente, pues sus decisiones fueron compartidas por diversos magistrados de la Audiencia Nacional al emitir sus votos particulares. Y la misma tesis han sostenido varios jueces de instrucción que han intervenido en las actuaciones.

De hecho, somos cientos los magistrados de este país que habríamos actuado en conciencia del mismo modo en que lo hizo Garzón. Tampoco puede aceptarse que los hechos no pudieran investigarse a causa de la Ley de Amnistía de 1977, que se refiere sólo a delitos políticos, pues los tribunales internacionales han declarado reiteradamente la perseguibilidad en todo caso de los crímenes contra la humanidad y la falta de validez de las normas de punto final.

Más allá de la suerte de Garzón, en este debate están en juego concepciones esenciales del Estado de derecho. La consolidación de una doctrina expansiva sobre la prevaricación nos conduciría a una peligrosa restricción de la independencia judicial. Y a una visión jerarquizada y subordinada de la interpretación de las normas. Ello reduciría la potestad valorativa sobre los principios constitucionales y limitaría el desarrollo de la jurisprudencia, ante el riesgo de que las aportaciones innovadoras pudieran ser criminalizadas.

Por otro lado, en un plano muy distinto, no podemos ignorar una inquietante paradoja. A diferencia de lo que ocurrió en otros países con regímenes totalitarios, en España los autores de gravísimos delitos nunca se han enfrentado a un juicio ni han asumido sus responsabilidades penales. Sin embargo, es probable que quien se siente en el banquillo sea el único magistrado que ha investigado esos crímenes.

Resultaría perturbador que Garzón fuese excluido de la judicatura y finalizara su vida profesional impartiendo clases en universidades norteamericanas, argentinas o chilenas, como les ocurrió a Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Luis Cernuda y tantos otros de nuestros exiliados de la guerra.

Sin duda, ambas situaciones no serían literalmente comparables. Y los juristas siempre podríamos explicar lo sucedido con abundantes tecnicismos. Pero, ciertamente, no creo que gran parte de nuestra sociedad pudiera conseguir entenderlo “.

La Política Interior de Obama

Thursday, April 1st, 2010

Hace escasamente 15 días, Obama consiguió aprobar la histórica reforma sanitaria que con tanto ahinco ha perseguido desde que alcanzó la Presidencia de los Estados Unidos. Se trata, sin duda, de un cambio revolucionario en el sistema estadounidense, y la gran victoria de Obama en lo que llevamos de mandato, al ver por fin aprobada la que fue su gran promesa electoral.

Pero Obama no sólo ha conseguido aprobar la reforma sanitaria; su modelo de cambio se ha visto reflejado en muchas otras medidas de política interior.

Transcribo el artículo que José María Pernas, Director del Comité de Estudios del Club Inside, ha publicado en The Insider del mes de marzo sobre la política interior de Obama.

CHANGE IS COMING (II): EL PRIMER AÑO DE OBAMA EN POLÍTICA INTERIOR

En mi anterior artículo sobre el primer año de Barack Obama hablaba acerca de los logros en política exterior que el nuevo presidente de los Estados Unidos ha conseguido, así como también de algunos de sus errores. Si bien es cierto que la política exterior es un campo donde los poderes presidenciales son más ejecutivos, en las materias de política “doméstica” estadounidense el Presidente está más sujeto al control y paralización de sus medidas por las cámaras legislativas (Cámara de Representantes y Senado).

Este control del legislativo al ejecutivo, por lo demás, muy saludable en términos de garantías democráticas, ha propiciado una progresiva obstaculización de las reformas de la Administración Obama en diversos campos. Pero por encima de estos obstáculos, y a pesar de que los mismos han restado brillo mediático a labor de Obama en política interior, lo que destaca es la actitud de responsabilidad del nuevo presidente de cara a las reformas. Me explico, el Gobierno de Obama bien pudiera haber aprobado la reforma sanitaria o tantas otras a través del método de tramitación urgente que el Presidente puede declarar, evitando así el filibusterismo de los republicanos en el Senado. Sin embargo, prefirió esperar, elaborar una propuesta de consenso entre demócratas y republicanos, de forma que dicha reforma fuera pergeñada por ambos lados del espectro político del país.

A continuación, me referiré a reformas realizadas en varios campos, que han supuesto, sino un vuelco de la situación, una forma distinta de hacer las cosas en Washington.

La salida de la crisis económica

En relación a la crisis económica, Obama ha tenido, en primer lugar, la inteligencia de contar con un reputado secretario del Tesoro, Timothy Geithner, antiguo presidente de la Reserva Federal de Nueva York, y con los consejos de Paul Vockler, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos en los años ochenta.

Por otro lado, y ante el creciente descontento popular por los beneficios obtenidos por los bancos tras los rescates financieros y las ayudas del Gobierno a través de la compra de sus activos más tóxicos, la Administración Obama va a realizar una serie de reformas para regular mejor los instrumentos financieras y controlar a las entidades bancarias en esta materia. Ello lanza un mensaje de que el rescate de un banco no es gratis, y que lo que el Estado presta debe ser devuelto a través de un ejercicio responsabilidad por las entidades financieras.

Éste es un punto en el que la Administración Obama puede conseguir al menos un éxito propagandístico, si bien es cierto que la reforma será mucho menos ambiciosa que lo que propone el ‘ala izquierda’ demócrata, lo que puede abrir otra brecha entre Obama y sus seguidores más proclives a las intervenciones públicas. Obama, con el apoyo entusiasta del Congreso, ha pretendido no defraudar a la clase media y baja cuando aprobó un impuesto especial para gran parte de las entidades financieras que han recibido ayudas públicas.

No parece, sin embargo, que ni el presidente ni el Legislativo vayan a cerrar los “agujeros” en el sistema regulatorio de EEUU ni a reducir la “sopa de letras” de agencias regulatorias, que en la práctica no hacen más que superponer sus funciones sin ser capaces de regular verdaderamente los riesgos del sistema. Es lo que está pasando con el corazón de la propuesta de Obama: la creación de una agencia independiente que proteja al consumidor de abusos en productos financieros como hipotecas y tarjetas de crédito. La Cámara de Representantes le dio su bendición antes de la Navidad, pero en el Senado la cosa es muy diferente y todo apunta a que el concepto original quedará muy tocado.

Otro pilar de la propuesta original de Obama pasaba por reforzar el papel de la Reserva Federal en la supervisión de los riesgos. Pero tanto demócratas como republicanos son muy críticos con el trabajo del banco central previo a la crisis y reprochan a sus dirigentes no haber prevenido el estallido de la burbuja hipotecaria.

El tercer elemento en el aire se refiere a la idea lanzada por Obama de prohibir que los bancos especulen con fondos de los depósitos garantizados de sus clientes. Sin embargo, en lugar de obligar por ley a las entidades bancarias a abandonar sus negocios en los mercados de capitales como quiere Obama, el Senado quiere que sean los reguladores los que restrinjan determinadas actividades caso por caso.

El presidente de la Reserva Federal, Bern Bernanke opinó que la medida sería difícil de aplicar y tendría consecuencias no deseadas. Las claves para evitar los problemas vistos durante la crisis, dijo el presidente de la autoridad monetaria, son fortalecer la disciplina de mercado, forzar a los bancos a ampliar su colchón de capital y someter las actividades de riesgo a un mayor control. Según los analistas, cuando se analiza como quedarán las otras partes del sistema regulador, la propuesta parece quedarse corta. Todo apunta a que ésta se quedará en un traspaso de poderes, con la Reserva Federal vigilando a las grandes instituciones y cediendo al departamento del Tesoro y el Fondo de Garantía de Depósitos algunas funciones.

Todo ello es sin duda descorazonador, pero muestra al mismo tiempo que las reformas que la Administración Obama está emprendiendo hacen daño a muchos grupos de interés. Como dice el premio nobel de Economía de 2008 Paul Kraugman (El País, 07-03-2010) “En resumen, por tanto, es hora de decir “hasta aquí hemos llegado”. Es mejor que no haya reforma, y que ello vaya unido a una campaña para nombrar y avergonzar a los culpables, que una reforma cosmética que simplemente encubra la falta de actuación”. La democracia hace que dichos grupos de interés sean influyentes y como Estados Unidos no es un país que dependa solo del presidente las reformas llevan su tiempo. Pero Obama en ningún momento ha dejado de lado sus convicciones para agradar a las cámaras o para sacar un titular de televisión.

En todo caso, y aunque muchas reformas como la de la transparencia en las retribuciones de consejeros o la regulación de derivados e instrumentos de riesgo se encuentra aún en estudio, la Administración Obama sí ha conseguido estabilizar la tasa de desempleo, incluso ha descendido en las últimas fechas. El crecimiento económico estadounidense ha vuelto a resurgir con fuerza y los consumidores muestran signos de confianza con el crecimiento del consumo. Por lo menos, la estabilidad ha vuelto a “main street” tras las irresponsabilidades de “Wall Street”, y ello, en parte, se debe a la política económica que el gobierno de Obama ha venido desarrollando hasta el momento.

La reforma sanitaria

Este es uno de los proyectos históricos que ha emprendido la nueva Administración. Como se sabe, en los Estados Unidos, más de 40 millones de personas carecen de cobertura médica al no tener seguros de salud, pues el país norteamericano carece de un sistema de cobertura universal. Los empresarios garantizan la cobertura de la mayoría de los estadounidenses mientras que otra parte de la población elige aseguradoras privadas. Los términos de casi todos los planes de salud incluyen el pago periódico de cuotas, pero a veces se exige el adelanto de cierta cantidad del coste del tratamiento, cuyo importe depende del tipo de plan concertado. El Gobierno ofrece cobertura sanitaria sólo a partir de los 65 años, que es cuando los ciudadanos pueden acceder al programa Medicare, gestionado por el Estado. De la misma manera, Medicaid se hace cargo de familias con sueldos modestos, niños, mujeres embarazadas y personas con discapacidades.

Por ello, ante esta ausencia de cobertura universal sanitaria, el presidente ha formulado tres principios que cualquier borrador de reforma sanitaria debe cumplir para poder contar con su apoyo: la reducción de los costes, la garantía de que todos los estadounidenses podrán escoger su propio plan de sanidad, incluido un plan público, y la calidad y la accesibilidad del sistema. Desde las distintas comisiones en el Senado y en la Cámara de Representantes ya han salido propuestas. La primera se decanta por un sistema de seguro obligatorio en el cual el Estado apoyaría con subvenciones a las personas necesitadas. La sanidad pública sólo estaría abierta a los que no tienen cobertura a través de un empleador. Otras dos rechazan la opción pública y prefieren una solución mixta de aseguradoras privadas y cooperativas médicas sin ánimo de lucro. En todo caso, en la negociación entre la Casa Blanca y el Congreso se ha avanzado ya en cosas como que se mantendrá la libertad de elegir seguro, los que estén satisfechos con su plan actual podrán conservarlo, las empresas están obligadas a proveer un seguro a sus empleados, el aumento de los impuestos sólo afectará a los hogares que ingresen más de un millón de dólares al año y no va a haber aumento del déficit nacional.

Como es sabido, un escaño del Senado en Massachusetts que había pertenecido a la familia demócrata Kennedy -primero a John y después a Robert- desde 1952, pasó a manos republicanas. No es sólo un fracaso simbólico. Con esa derrota, los demócratas pierden la posibilidad de evitar que los republicanos ejerzan una minoría de bloqueo. Toda la agenda de Obama-su reforma sanitaria, la creación de un mercado de emisiones de CO2 y la reforma financiera- será más difícil de llevar a la práctica debido a las prácticas dilatorias que la minoría de bloqueo republicana en el Senado puede poner en práctica

Obama presentó la semana pasada su propuesta ampliada para la reforma del sistema de salud, que incluye algunas iniciativas de la oposición republicana. Pese a ello, no ha conseguido reducir la oposición a la medida entre los republicanos, que consideran, entre otras cosas, que la reforma, tal y como está concebida, representará un gasto excesivo. Los republicanos demandan que se abandone la medida tal y como está planteada y se comience a negociar desde el principio.

A la resistencia republicana se suma la de algunos demócratas, tanto del ala moderada -preocupada por el efecto de la medida en el déficit fiscal del país- como entre los más liberales, que creen que no va lo suficientemente lejos. Obama asegura que la reforma sanitaria contribuirá a reducir a largo plazo el déficit fiscal. Se está a la espera de una propuesta conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado que produzca un texto de reforma, si bien no tan ambicioso en cuanto al sistema público de salud como en un primer momento, sí que garantiza la cobertura sanitaria a quien actualmente carece de ella.

A pesar de que la reforma no será la que salió de la Casa Blanca, Obama ha conseguido que un país tan dependiente de los seguros médicos privados como EE.UU. se cuestione su propio sistema, y lo más importante, va a conseguir que el Congreso de su país garantice que, de una forma u otra, ningún estadounidense se quede sin cobertura médica.

Reforma energética e infraestructuras

El 19 de abril de 2009, el jefe de gabinete y ‘mano derecha’ de Obama Rahm Emanuel, dijo: “Sé que esto va a pasar: a final de año habrá una ley de energía en la mesa del presidente”. A día de hoy, ni siquiera hay un borrador. El objetivo declarado de Obama es crear un mercado financiero en el que las empresas puedan comprar y vender permisos, emitidos por el Gobierno, para emitir gases que provocan el ‘efecto invernadero’ y, así, favorecer el desarrollo de energías renovables, un área en la que la Administración de EEUU está muy interesada en la experiencia de España.

Ése es el objetivo. Por un lado, los republicanos son como una especie de muro ante cualquier intento de limitar esas emisiones. Por otro, una serie de demócratas de Estados petroleros y carboneros (el 50% de la energía eléctrica de EEUU procede de térmicas de carbón, en general bastante antiguas y poco eficientes) también se oponen. Ahora, todas esas peleas apenas tienen sentido. Tras la derrota demócrata de Massachusetts, el mercado de emisiones es difícil que vea la luz este año. Ningún senador va a arriesgar su reelección por el ‘efecto invernadero’.

En el mismo sentido, la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático no supuso el avance esperado, pues no se concretaron compromisos concretos entre las grandes potencias. Sin duda China, Rusia y Estados Unidos querían un acuerdo pero bajo unos márgenes demasiado estrechos provocados por la crisis económica.

Lo que sí ha desarrollado Obama con eficacia ha sido la promoción de las energías renovables y la eficiencia energética en escuelas, hospitales, empresas, edificios gubernamentales, a través de subvenciones y fondos públicos para financiar la construcción, por ejemplo, de parques eólicos.

Asimismo, la inversión pública en infraestructuras, al igual que en la época del “new deal”, ha supuesto un fuerte impulso en cuanto a la creación de empleo y a la renovación de las anticuadas vías férreas y puentes de las principales carreteras de EE.UU. Destaca por encima de todo los grandes corredores de alta velocidad que el gobierno federal pretende desarrollar para reducir la dependencia del petróleo y descongestionar las autopistas.

Reforma educativa

Tras el difícil asunto de la reforma sanitaria, que por lo menos está encauzado para que se produzca la votación conjunta entre Congreso y Senado, la Administración Obama está abordando en estos días la reforma educativa.

Al contrario de lo que cabía esperar, dicha reforma no va a ser un cambio radical frente al plan llamado “Que no quede ningún niño rezagado” promovido durante la pasada administración del presidente George W. Bush. No se trata por tanto de desacreditar la labor del gobierno anterior sino de buscar una reforma educativa eficiente y de consenso. En este sentido la Administración Obama no lleva a cabo reformas con el oculto interés de ganar adeptos en las encuestas, al estilo de otros gobernantes, sino conseguir un proyecto consensuado que perdure para varias generaciones. Algo parecido, lo que es de alabar, esta intentando realizar el ministro de educación español, Ángel Gabilondo, frente a otros compañeros de su partido y de partidos de la oposición que usan la educación con fines partidistas.

Volviendo a Estados Unidos, Barack Obama ha anunciado que el lunes 15 de marzo presentará al Congreso un plan para mejorar el nivel educativo de los estadounidenses y recuperar el terreno perdido ante el avance de otros países. El proyecto constituye una reestructuración del referido plan “Que no quede ningún niño rezagado” Cabe recordar que en las últimas décadas Estados Unidos ha perdido terreno y los niños de 15 años están lejos de la cima en ciencias y matemáticas cuando se les compara con los jóvenes de otros países. Bajo el liderazgo de la secretaria de Educación, Arne Duncan, su gobierno ya ha puesto en marcha un plan mediante el cual los estados compiten por fondos federales a través de la reforma y la elevación de las normas de calidad educativa. Eso significa recompensar a los maestros por sus resultados y hacer hincapié en materias cruciales como la ciencia y las matemáticas.

Según las pautas del plan, los colegios que logren una excelencia en sus niveles serán recompensados y se alentará a los distritos a reformar las escuelas en las que no se logren esos niveles. El plan es ambicioso al establecer que todos los niños que terminen sus estudios secundarios deben estar preparados para la universidad sin importar sus orígenes y situación. Al final, lo que se pretende es que la excelencia no solo se genere en las tradicionales instituciones académicas estadounidenses, sino también en la escuela pública, como un modo de garantizar la igualdad de oportunidades sin depender de los ingresos familiares para tener una buena educación.

Guantánamo, células madre y reforma migratoria

Obama ha prohibido de forma expresa, y para que no quede ninguna duda, las torturas en los interrogatorios de la CIA. Además, ha clausurado las llamadas cárceles secretas de la agencia de espionaje en otros países, agujeros negros dentro del derecho internacional pues en dichas cárceles se cometieron abusos contra los reclusos. Se ha enviado a diversos presos de la cárcel de Guantánamo a que cumplan sus condenas en cárceles de otros países (cinco lo harán en España). Otros presos se pretende que sean juzgados en tribunales civiles de Nueva York, lo que está suscitando oposición por parte de los neoyorkinos, incluido su alcalde. En todo caso, Obama ha dado los pasos para cerrar la cárcel de Guantámano, donde se mantenía a los presos en un limbo jurídico sin garantías legales. Con ello esta Administración da una lección al mundo entero al demostrar que para combatir el terrorismo es más efectivo y ejemplarizante respetar el estado de derecho que usar métodos como la tortura para obtener confesiones, torturas que se practicaron con la anuencia de la anterior Administración.

Por otro lado, la Administración Obama ha levantado muchas, aunque no todas, de las restricciones que pesaban sobre los científicos en la investigación sobre células madres, siendo una clara concesión a sus votantes, sacrificando, en este aspecto, el necesario consenso.

Del mismo modo, el gobierno de Obama prometió realizar una reforma que abriera un camino a la legalización de los millones de inmigrantes indocumentados, y que lo haría en el primer año de su presidencia. Ello sin embargo no ha sido posible, debido al fuerte rechazo que dicha idea provoca entre algunos demócratas, por no decir entre los republicanos. Esta reforma deberá ser debatida con largo alcance, y parece que va a retrasarse, pues este otoño son las elecciones a toda la Cámara de Representantes y a un tercio del Senado, lo que redundará en los cálculos partidistas de los legisladores en detrimento de las reformas.
Conclusión

¿Es Obama un nuevo Carter, aquel presidente que bajo grandes expectativas acabó por no ser reelegido? En mi opinión, Obama posee una diferencia sustancial con Carter: tiene paciencia. Tiene paciencia porque sabe que las reformas que su país debe emprender no pueden ser propiedad de su partido, sino que deben perdurar en el tiempo bajo signo de diferentes gobiernos. Por eso mismo las reformas están tardando en llevarse a cabo, porque se busca el máximo consenso posible y no se pretende dar un paso en falso que lleve a un país al enfrentamiento ideológico.

Al estilo de Nelson Mandela cuando fue elegido presidente de Suráfrica, Obama no pretende gobernar únicamente para satisfacer a sus votantes, sino que pretende trascender las fronteras ideológicas y partidistas para prestar un efectivo servicio de buen gobierno a sus conciudadanos. Como todo gobernante en ejercicio, el presidente Obama ha cometido errores, pero ha sabido enmendarlos, o por lo menos, ha conseguido tener paciencia y llevar las reformas en sintonía con el poder legislativo, sin ejercer sus funciones presidenciales más allá de lo que le permite la Constitución de los Estados Unidos.

Como nos describe el analista Moisés Naím en El País (14-03-2010), “Era absolutamente imposible mantener las estratosféricas expectativas que tenía la gente dentro y fuera de Estados Unidos acerca del nuevo Presidente. Aún así, y a pesar de la caída de los índices de popularidad, cerca de la mitad de los estadounidenses siguen apoyando la gestión de Obama. Esto lo coloca entre los presidentes del mundo que más apoyo tienen de sus ciudadanos. La economía sigue débil, pero ya no está al borde del precipicio. El desempleo sigue alto, pero se ha estabilizado y los expertos calculan que continuará declinando. Salvar a los bancos tuvo enormes costes políticos, pero evitó el colapso del sistema financiero, lo cual hubiese tenido pavorosas consecuencias para todos. La reforma sanitaria implica tocar a poderosos grupos, empresariales y sindicales, que obtienen ingresos anuales equivalentes al 16% de la economía estadounidense. Esto explica por qué durante décadas nadie había logrado reformar el sistema. Pero, de una manera u otra, Obama logrará que se aprueben reformas que si bien serán insuficientes, significarán un avance”.

Además, Obama ha llevado a cabo un cambio en los modos de ejercer la presidencia. Ha acudido a reunirse en numerosas ocasiones con los líderes de demócratas y republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado, ha celebrado debates con legisladores republicanos sobre la reforma sanitaria, ha convocado encuentros de expertos y sociedad civil para acordar medidas contra la crisis económica, ha acudido incluso a una reunión del partido republicano. Está siendo, pues, un Presidente que cree en el parlamentarismo y no se enroca en la Casa Blanca, pues sabe, con acierto, que el gobierno de un país no puede ser llevado a cabo por una sola persona, sino que precisa del apoyo y consenso de legisladores y expertos en cada materia.

En fin, si este primer año de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos no ha sido calificado como deslumbrante por los medios de comunicación, es precisamente porque ha sido un año democrático, donde el Presidente se ha puesto a disposición de los representantes del pueblo para recibir las críticas que mereciera y fueran oportunas, y eso es un logro democrático mucho mayor que recibir titulares de televisión favorables. Por ello, la esperanza de un Presidente como Obama de usos verdaderamente democráticos y representativos de los intereses generales continúa vigente. Y ese es el verdadero cambio.