Se cumple un año desde que Barack Obama ganó las elecciones y se convirtió en el primer Presidente negro de los Estados Unidos. Quizás también en el Presidente que mayores esperanzas de cambio ha levantado, el que ofrecía un proyecto más revolucionario, el que rompía con los moldes que habían gobernado la política norteamericana desde tiempo inmemorial.
Pasado un año, existen luces y sombras. Los que están deseando que Obama se descalabre para luego decir, con orgullo realista, que eran todo nubes y fuegos de artificio, que las cosas no pueden cambiar y es mejor que sigan como están, restan méritos a lo que ha hecho hasta ahora Obama.
En mi opinión, lleva poco tiempo para que pueda cambiar tantas cosas como prometió, y aun le quedan retos difíciles (la reforma sanitaria, Afganistán) que determinarán la magnitud del cambio. Con todo, en el poco tiempo que lleva las reformas y su nueva forma de hacer política se han notado. ¿O acaso no es cambio
- el cierre programado de Guantánamo,
- la anunciada salida paulatina de las tropas de Irak,
- el acercamiento a Irán que aleja la posibilidad de un guerra,
- el acercamiento a Moscú que permite desactivar el absurdo escudo antimisiles que Bush instaló en Europa del Este y que perjudícó las relaciones con Rusia,
- los acuerdos de reducción del arsenal nuclear,
- su histórico discurso de El Cairo que supone una política de distensión con el mundo árabe,
- sus posturas acerca del conflicto de Oriente Medio,
- su apuesta por las energías renovables o
- el nuevo modelo económico, con subidas de impuestos a los más ricos y a las empresas y con mayor intervención estatal, que ha sacado a Estados Unidos de la crisis?
¿Acaso es poco todo esto para un año? Por mucho que se diga, no todos los políticos son iguales, y no es lo mismo Obama que Bush, y aunque lentamente, el cambio se ha producido.
Sobre este tema ha opinado de forma acertada Iñaki Gabilondo, en su editorial del pasado 4 noviembre que transcribo a continuáción:
“Obama, un año en la Casa Blanca. Un año en el que ha vuelto del revés toda la arquitectura doctrinal construida por George Bush. Multilateralismo en lugar de unilateralismo, mano tendida al Islam, complicidad con Rusia, reducción de armas nucleares, lucha contra el cambio climático. Las líneas maestras del nuevo pensamiento han quedado esculpidas en una docena de discursos memorables. Y el reglamento del juego mundial ha cambiado por completo.
Sin embargo, todo parece nada. Y se respira un aire de decepción, de sueño frustrado, como si Obama sólo hubiera sido un globo de colores y ya se nos hubiera pinchado. A fin y al cabo, el planeta está como estaba, y Afganistán peor, y la reforma de la sanidad en los Estados Unidos no sale adelante, etcétera, etcétera.
Obama, un fuego fatuo. Palabras, sólo palabras. Así se despachan hoy, en muchos foros, las glosas de aniversario. Y nos sorprende, porque dan a entender que se habían cegado por el colosal impacto de su victoria. Y se habían sentado en primera fila para ver de cerca los milagros que se iban a producir.
No habían reparado en que Obama no es mas que el presidente de los Estados Unidos. ¿El mayor poder? No, los hay mayores, y muy pronto empezaron a ofrecer feroz resistencia. ¿En qué ha quedado el control bancario o la guerra a los paraísos fiscales?. En su país, Obama se está fajando con lo más granítico del pensamiento conservador. Y fuera, los países que aspiraban a contar, pesar y mandar, lo que desean sobre todo es que sea Obama quien resuelva.
Suspirábamos por el multilateralismo, pero ignoramos cómo se juega ese juego. Entre otras cosas, porque no sabemos lo que queremos. Ejemplo, Afganistán: ¿sabe España qué quiere, lo sabe Alemania, o Francia, tiene una idea Europa?. Nuestro deseo es estar sin estar estando. ¿Y en el cambio climático?, ¿en la lucha contra la pobreza? ¿Queremos que pase lo que decimos querer?. ¿Y pagar los precios correspondientes, modificando nuestro modelo de desarrollo y de vida?.
En última instancia, la mayoría de los que nos proclamamos partidarios de las grandes transformaciones que Obama anunció, nos limitamos a hablar. Sin embargo, los que se oponen a ellas, actúan. Y con todo su poder.”